Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 8 Mayo, 2015

¿Qué hará Luis Guillermo? ¿Quién será su interlocutor privilegiado: el PLUSC o los sectores populares?

¿Golpe o cambio?

No hubo ninguna sorpresa mayor —sí hubo algunas menores— en lo que sucedió en Cuesta de Moras el pasado 1ero de mayo. Se cumplió al pie de la letra lo que había planeado el heteróclito grupo que compone la “oposición”. Cabe, entonces, preguntarse a qué se opone la oposición y por qué. En política las alianzas se hacen con frecuencia no tanto en torno a acuerdos sino a desacuerdos. Los grupos se alían no en favor de algo sino en contra de alguien que ven como una amenaza a su hegemonía.
Las buenas intenciones y las vagas promesas son retórica. Las alianzas se forjan en vistas a la obtención de lo que se considera no negociable dejando al arbitrio de las circunstancias lo que se considera secundario. La alianza de partidos y grupúsculos que se dio en la Asamblea Legislativa configura una manera, “nueva” tan solo coyunturalmente, de asumir la lucha por aferrarse al poder. Los grupos oligárquicos de siempre se sienten amenazados por lo que está pasando en el mundo, especialmente en los alrededores de Tiquicia, a la que siguen considerando como su hacienda privada. Su vocero más calificado desde Llorente, lo acaba de decir en el editorial del martes pasado. Alaba en el discurso del Presidente su tono “moderado”, pero censuran el párrafo final porque el mandatario insiste en que su voluntad de “cambio” es irrenunciable.
El grupo que asume el control del Congreso se perfila como defensor del statu quo y cancerbero de los intereses y privilegios de quienes han llevado al país adonde está, no importa si con ello cercenan las conquistas logradas por el pueblo en lo social y las libertades democráticas en lo político. La polarización de fuerzas podría desembocar en una lucha de clases frontal.
El panorama político parece estar cambiando aceleradamente. Los sectores que perdieron las pasadas elecciones hoy se han agrupado en Cuesta de Moras; sus voceros mediáticos lanzan una advertencia a Luis Guillermo: no será en Zapote sino en Llorente donde se fijará, ahora más que nunca, la agenda política del país. Las elecciones pasadas son tan solo una anécdota; para ellos no ha cambiado nada. Esto es lo que refleja la alianza entre Rodolfo Piza (PUSC) y Antonio Álvarez (LN). Libertarios y fundamentalistas son el coro en la tragedia griega: aplauden o censuran pero su capacidad de decisión es limitada.
El 1ero de mayo en Cuesta de Moras se le torció el brazo a un desarticulado PAC, que hoy sufre las consecuencias de un año en que da la impresión de haber confundido Zapote con un Kindergarten adonde se va tan solo a jugar subibaja.
Lo serio comienza ahora en torno al paquete tributario que el FMI urge se apruebe. El PLUSC y su comparsa tratarán de cargarlo sobre las espaldas del pueblo; pero este responderá en las calles liderado por el sector que se siente más directamente amenazado: el sector público. La derecha dirá que hay mucha burocracia y que el Estado es caro e ineficiente. Por su parte, las fuerzas sociales responderán que si hay un incontrolable déficit fiscal se debe a la corrupción implantada por el PLUSC mientras estuvieron en el poder y a esos TLC que han eximido de pagar impuestos a los productos de importación; los trabajadores insistirán en que la brecha social aumentará exponencialmente mientras los dogmas neoliberales inspiren a quienes forjan las políticas económicas.
Y mientras tanto, ¿qué hará Luis Guillermo? ¿Quién será su interlocutor privilegiado: el PLUSC o los sectores populares? Porque unos y otros desde ya calientan músculos.

Arnoldo Mora