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Jueves 27 Noviembre, 2014

La pretensión del Ejecutivo de que la Asamblea Legislativa le apruebe el incremento, la conversión o la creación de nuevos impuestos no es de recibo


Gobierno vrs Plan Nacional de Desarrollo

Recientemente, el gobierno de la República presentó su Plan Nacional de Desarrollo. Dentro de sus objetivos primordiales destacan dos que son complementarios: mayor crecimiento económico y disminución de la pobreza. No obstante, como dicen los abuelos: “del dicho al hecho, hay mucho trecho”.
Para alcanzar tales objetivos y cumplir sus metas se requiere algo más, mucho más, que retórica y buenas intenciones; el gobierno debe mostrar coherencia, habilidad, madurez y liderazgo para ejecutar acciones que demuestren que genuinamente está dispuesto a construir soluciones, más allá de las frases hechas y las metas atractivas.
Por el contrario, hasta ahora, este gobierno no ha dado muestra alguna de habilidad, madurez, coherencia, ni del liderazgo requerido para transmitir la confianza necesaria a los sectores sociales, productivos y políticos para que remen en una misma dirección.
Más bien, el gobierno da la impresión de remar en una dirección contraria a aquello que dice ser su norte y a crear, injustificadamente, ruido y tensión en sus relaciones con la mayor parte de los actores del país.
Su mayor pecado es la incoherencia: el ejemplo más reciente parece ser el lograr que se le apruebe un presupuesto financiado en gran medida con deuda pública, con un crecimiento desmesurado y cargado de gastos innecesarios.
Esa victoria del oficialismo es pírrica en la medida en que la ejecución de un presupuesto con esas características lo que va a generar, en 2015, lamentablemente es mayor inflación, mayor déficit, menor crecimiento económico y estancamiento o, peor aún, crecimiento de la población en pobreza.
En términos generales el presupuesto ordinario no está bien planificado ni estructurado y no refleja la realidad del país. Vuelve a sobreestimar los ingresos del gobierno y por lo tanto no contará con los fondos que en papel está prometiendo. Es un presupuesto dirigido al gasto, no a la inversión; está dirigido a pagar a la burocracia no a combatir la pobreza ni a favorecer el crecimiento económico: por ende está diseñado en sentido contrario a las metas que fija su Plan Nacional de Desarrollo.
En ese contexto, la pretensión del Ejecutivo de que la Asamblea Legislativa le apruebe el incremento, la conversión o la creación de nuevos impuestos no es de recibo. Antes debió y sigue debiendo cumplir las dos tareas previas que anunció que cumpliría: mejorar la recaudación de impuestos y sujetar a una rigurosa disminución el gasto público.
El presupuesto 2015 contradice esas dos promesas y deja al Ejecutivo sin autoridad moral para pedir incremento, conversión o creación de nuevos impuestos. Primero debe hacer las tareas prometidas y, luego, pretender nuevos ingresos, antes no.


Gerardo Vargas Rojas

Diputado, PUSC