Gobierno vrs Plan Nacional de Desarrollo
La pretensión del Ejecutivo de que la Asamblea Legislativa le apruebe el incremento, la conversión o la creación de nuevos ...
La pretensión del Ejecutivo de que la Asamblea Legislativa le apruebe el incremento, la conversión o la creación de nuevos impuestos no es de recibo
Recientemente, el gobierno de la República presentó su Plan Nacional de Desarrollo. Dentro de sus objetivos primordiales destacan dos que son complementarios: mayor crecimiento económico y disminución de la pobreza. No obstante, como dicen los abuelos: “del dicho al hecho, hay mucho trecho”.
Para alcanzar tales objetivos y cumplir sus metas se requiere algo más, mucho más, que retórica y buenas intenciones; el gobierno debe mostrar coherencia, habilidad, madurez y liderazgo para ejecutar acciones que demuestren que genuinamente está dispuesto a construir soluciones, más allá de las frases hechas y las metas atractivas.
Por el contrario, hasta ahora, este gobierno no ha dado muestra alguna de habilidad, madurez, coherencia, ni del liderazgo requerido para transmitir la confianza necesaria a los sectores sociales, productivos y políticos para que remen en una misma dirección.
Más bien, el gobierno da la impresión de remar en una dirección contraria a aquello que dice ser su norte y a crear, injustificadamente, ruido y tensión en sus relaciones con la mayor parte de los actores del país.
Su mayor pecado es la incoherencia: el ejemplo más reciente parece ser el lograr que se le apruebe un presupuesto financiado en gran medida con deuda pública, con un crecimiento desmesurado y cargado de gastos innecesarios.
Esa victoria del oficialismo es pírrica en la medida en que la ejecución de un presupuesto con esas características lo que va a generar, en 2015, lamentablemente es mayor inflación, mayor déficit, menor crecimiento económico y estancamiento o, peor aún, crecimiento de la población en pobreza.
En términos generales el presupuesto ordinario no está bien planificado ni estructurado y no refleja la realidad del país. Vuelve a sobreestimar los ingresos del gobierno y por lo tanto no contará con los fondos que en papel está prometiendo. Es un presupuesto dirigido al gasto, no a la inversión; está dirigido a pagar a la burocracia no a combatir la pobreza ni a favorecer el crecimiento económico: por ende está diseñado en sentido contrario a las metas que fija su Plan Nacional de Desarrollo.
En ese contexto, la pretensión del Ejecutivo de que la Asamblea Legislativa le apruebe el incremento, la conversión o la creación de nuevos impuestos no es de recibo. Antes debió y sigue debiendo cumplir las dos tareas previas que anunció que cumpliría: mejorar la recaudación de impuestos y sujetar a una rigurosa disminución el gasto público.
El presupuesto 2015 contradice esas dos promesas y deja al Ejecutivo sin autoridad moral para pedir incremento, conversión o creación de nuevos impuestos. Primero debe hacer las tareas prometidas y, luego, pretender nuevos ingresos, antes no.
Gerardo Vargas Rojas
Diputado, PUSC