Gobierno brasileño impulsa a gastar más dinero
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Gobierno brasileño impulsa a gastar más dinero


Sao Paulo -- El Gobierno de Brasil está a punto de emprender una campaña mediática que aliente a los brasileños a evitar la recesión gastando más dinero. Cabe recordar que las autoridades de los Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá dieron el mismo consejo a sus ciudadanos luego de los atentados terroristas del 11 de septiembre, lo que contribuyó a la burbuja que derivó en la peor crisis financiera desde la Gran Depresión.
Los brasileños ya creen que se encuentran más aislados que otros pueblos de la crisis global. Más de la mitad de la población considera que Brasil se verá menos afectado como consecuencia de los problemas económicos mundiales que sus vecinos latinoamericanos, según una reciente encuesta de McCann Erickson. En México y Chile, menos del 30% de la población cree que se verá menos perjudicada que otros.

Si la irresponsable campaña del presidente Luiz Inacio Lula da Silva de alentar el consumismo hallara eco en los brasileños -- sumándose a su optimismo irrealista y a las tasas de interés astronómicas que pagan--, las consecuencias podrían ser desastrosas.
Cuando Brasil empiece a dar muestras de lo que ya anticipan los mercados financieros globales, aumentará el desempleo y caerá el ingreso personal. Los millones de familias que sigan alegremente el consejo de Lula y gasten con abundancia en pasar una muy feliz Navidad este año, pueden verse en la ruina dentro de un año.
El mensaje de “seguir comprando” revela el deseo de Lula de conseguir el mayor crecimiento económico posible, lo que considera contribuirá a que su partido retenga el poder en 2010. También es una prueba de su falta de comprensión de la profundidad y la magnitud de la crisis financiera actual.
“Sin temor alguno a equivocarme, Brasil es hoy el país más preparado para hacer frente a esta crisis”, dijo Lula.
El aplomo de Lula encubre la ineptitud con que ha manejado el problema hasta la fecha.
Inicialmente, el presidente no tomó la situación en serio. “¿Qué crisis? Anden a preguntarle a Bush”, dijo Lula a mediados de septiembre. El 4 de octubre dijo que si bien la crisis era “un tsunami” para los Estados Unidos, solo causaría “una pequeña onda” en Brasil. La semana siguiente, la Bolsa de Sao Paulo, o Bovespa, cayó un 20%, el real brasileño perdió un 13% respecto del dólar estadounidense, el banco central del país inyectó 100 mil millones de reales ($43.000 millones) en la economía, y Lula no dijo nada.
Lula considera que puede aislar a Brasil del resto del mundo. No puede. No es posible hacerlo cuando los países están conectados en una economía global. A los efectos de demostrar que Brasil es cada vez menos dependiente de los Estados Unidos, Lula dice que el país ahora envía el 14% de sus exportaciones a los Estados Unidos, en comparación con un 25% en 2002. Pero buena parte de lo que se manda al exterior se convierte en productos que se les vende a los estadounidenses. Por ejemplo, un refrigerador chino que se vende en los Estados Unidos puede haberse fabricado con acero brasileño.
El presidente cree que su Gobierno puede evitar una desaceleración económica mediante el recurso de seguir gastando en infraestructura en Brasil. Ese plan no puede funcionar; no cuando los gastos ineludibles consumen más del 90% del presupuesto nacional anual.
Otra razón por la que no será posible es que Lula contrató más empleados públicos y les concedió aumentos salariales más generosos que cualquier otro presidente brasileño, dejando solo el 6,1% del ingreso neto nacional disponible para proyectos de obras públicas del año próximo.
El BNDES, el Banco do Brasil y la Caixa Economica Federal, pueden reemplazar a los bancos privados como principales proveedores de liquidez en una crisis mundial del crédito. No pueden. Los bancos nacionales originaron menos del 35% del crédito brasileño, y en la actualidad el BNDES carece de fondos para abastecer al creciente número de prestatarios que llaman a sus puertas.
No es la primera vez que el mal consejo de una autoridad política perjudica las finanzas de un país.
Días después de los atentados del 11 de septiembre, el presidente George W. Bush dijo a los estadounidenses que mantuvieran la fuerza de la economía gastando dinero. “Vayan a Disneylandia en Florida. Lleven a su familia y disfruten la vida tal como queremos que se la disfrute”, dijo Bush. Hace un año, dijo: “Los aliento a todos a hacer más compras”.
Bush no fue el único mandatario ansioso de evitar la recesión mediante el aumento del gasto. Después del 11 de septiembre, el entonces primer ministro británico, Tony Blair, también les recomendó a sus compatriotas “viajar y comprar”. El primer ministro canadiense Jean Chretien dijo: “Es hora de salir y conseguir una hipoteca, comprar una casa, comprar un auto”.

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