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Los gobiernos deben actuar oportunamente para que las variaciones en la composición por edades de la población no afecten los regímenes de pensiones

Gobernar no es posponer

Resulta inaceptable que a estas alturas, en medio de la crisis que atraviesa la Caja Costarricense de Seguro Social, por el severo deterioro de sus finanzas a causa de la morosidad y la mala administración de que ha sido víctima por años, tenga además que darse cuenta la población de que los jerarcas no hayan cumplido hasta ahora con su obligación de tomar medidas oportunas para que el régimen de jubilaciones de la institución mantenga su sostenibilidad a pesar del visible envejecimiento de la población.
El aumento en la expectativa de vida y la disminución de la natalidad, impacta, como es lógico, en la composición de las sociedades.
Es este un fenómeno producido, observado y medido en el mundo especialmente desde el inicio de la segunda mitad del siglo pasado. Y estos estudios sirven para que los gobiernos tomen medidas oportunas, de modo que estas variaciones no afecten negativamente ninguno de los regímenes en los que se base el funcionamiento de la sociedad.
Sin embargo, es la Contraloría General de la República la que viene hoy a decirnos que “el país está viviendo los efectos de un cambio demográfico que va a tener repercusiones muy importantes en diferentes sectores” y, como lo enuncia una nota de este medio ayer, “el sistema de pensiones de la Caja es insostenible y se deben tomar decisiones oportunas antes de que llegue la crisis”.
Sin embargo, la gerencia del Régimen de Pensiones nunca ha anunciado la necesidad de implementar cambios para garantizar su sostenibilidad, sino que más bien ha tenido que ser intervenida por la junta directiva de la institución por serios cuestionamientos en el manejo de los fondos.
La pregunta es: ¿Por qué dicha gerencia nunca cumplió con su obligación de alertarnos y poner en marcha el proceso que ahora nos anuncia la Contraloría?
Este país ha tenido demasiados altos jerarcas incumpliendo con su labor y fomentando la cultura de esperar a que se presenten las crisis para empezar a hacer vergonzosos intentos de apagar los incendios.
Sin embargo, cuando a la prensa no le queda más remedio que poner en conocimiento de la ciudadanía esas situaciones, son muchos los silencios y las evasiones y muy pocos los que dan la cara para aceptar y responsabilizarse de sus incumplimientos. Al fin y al cabo, siempre hay un máximo jerarca responsable de los subalternos. A pesar de ello, a lo más que se suele llegar es a echar la culpa a otros o a renunciar.
Por un lado el país está paralizado por un sistema que no deja avanzar las cosas a un ritmo razonable. Por otro lado hay una peligrosa ausencia de controles ahí donde hacen falta, con graves consecuencias negativas sobre los fondos y la administración de los bienes públicos.
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