Gigantes solidarios
La Banca para el Desarrollo es un símbolo de solidaridad entre el Estado y los costarricenses con deseos de emprendimiento.
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Hay costarricenses en pobreza y pobreza extrema, con deseos de trabajar en lo propio, sin haberlo podido cumplir por la falta de crédito para emprender su negocio. Hoy sí pueden.

La guapileña Yamileth Paz Mendoza empezó con cien mil colones su microempresa artesanal: pinturas en relieve. Hoy es una empresa de un millón y medio de colones.

“Antes debía pagar para enmarcar, por ejemplo, hoy ya tengo las máquinas para hacer todo el proceso yo misma”, cuenta Paz, sin temor a mostrar el júbilo que la embarga, ella salió de la pobreza.

En diciembre de 2014, el Presidente Luis Guillermo Solís anunciaba lo que para Yamileth es una nueva era en la cultura crediticia y solidaria costarricense. En cadena nacional, Solís anunció la reforma a la Ley del Sistema de la Banca para el Desarrollo (SBD), una reforma llevada a cabo por la Asamblea Legislativa con el fin de poner en marcha el sistema de dicha banca así como el decreto presidencial que fomenta una política pública de emprendimiento en Costa Rica, “para saldar la deuda con los micro, pequeños y medianos productores”, dijo Solís.

Estos productores representan el 95% de las empresas nacionales y generan 1 de cada 4 empleos en el país. Ejemplo de ello es el cafetalero Adrián Arroyo, de Pérez Zeledón, quien hoy cuenta con una finca en donde, además de café, produce banano, ambos productos totalmente orgánicos; su finca no solo es un ejemplo de la solidaridad que obtuvo por parte de los créditos del SBD, sino uno de sostenibilidad con el ambiente y en bienestar por la salud del consumidor; “es lo mejor que me ha pasado”, concluye Adrián quien prefiere, con orgullo, ser llamado “campesino”.

Antes de la reforma a la Ley, 8 de cada 10 pequeñas empresas no sobrevivían más de tres años. La cultura crediticia que promueve el SBD hace de aquel triste panorama solo un recuerdo, como lo representan Yamileth y Adrián con sus negocios hoy.

Ambos, poseían los requisitos para obtener financiamiento de la banca comercial, pero carecían de garantías suficientes. El SBD les brindó, y le brinda a usted hoy, un aval que les permitió ser personas sujetas de crédito.

El SBD no es un banco. Funciona a través de operadores en todo el país como cooperativas, por citar un ejemplo, el SBD dirige sus utilidades a través de instituciones, la mayoría microfinancieras para que las personas como Yamileth y Adrián logren el emprendimiento deseado, a pesar de no tener las garantías necesarias, los proyectos, eso sí, deben ser viables, para que el SBD avale con sus fondos el crédito.

Se terminó aquello de que solo quienes poseían un patrimonio familiar y otras garantías especiales podían obtener crédito para emprender su negocio, su sueño.

Enmarcado por montañas de foto para postal, el cafetalero Daniel Zúñiga de San Marcos de Tarrazú cuenta que el SBD le tendió la mano cuando más lo necesitaba. De lo contrario, Daniel y su negocio de café hubieran sido uno de esos 8 sin sobrevivir los tres primeros años de existencia.

Se entretejen así estos gigantes, no por sus riquezas, sino por sus grandezas emocionales por el emprendimiento, apoyados por una solidaridad que hoy el Estado brinda y facilita.

Yamileth, Adrián y Daniel solo tienen ganas de trabajar. Son una muestra de que la verdadera riqueza consiste en soñar y realizar el sueño, por lo que el SBD viene a ser un apoyo efectivo y eficaz para llevar a la persona de un estado puramente mental a otro material, en el que la solidaridad, las ganas y el amor  por ser personas productivas predominan y se ven sellados con el sabor del triunfo que solo el trabajo sabe dar al ser humano.

 

Carmen Juncos y Ricardo Sossa

Editores jefes y Directores de proyectos

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Fuente: Datos recuperados de:  https://sbdcr.com/ y de www.youtube.com  • Fotos: Shutherstock

 

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