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Jueves 28 Enero, 2010


Género y precisión


Vistoso y reciente anuncio informó de la elección de una distinguida colega como presidenta del Colegio de Abogados y Abogadas de Costa Rica. Preocupado porque a mi más que centenario Colegio de Abogados le hubiera salido competencia, me apresuré a investigar. No encontré otro colegio profesional.
Con la servicial Internet tan solo comprobé que, dentro del espacio web del Colegio de Abogados, los eventos del próximo mes se titulan como propios del Colegio de Abogados y Abogadas. Entendiendo, entonces, que el vetusto Colegio de Abogados es, hoy por hoy, Colegio de Abogados y Abogadas. Desconozco el texto legal que facilitó tal cambio. Pero nada como los abogados y las abogadas para saber obviar esas minucias del principio de legalidad, obstruccionistas en un país donde los diputados son cada vez más lentos en atender sus tareas.
La asamblea general del Colegio habrá hecho justicia, evitando que las abogadas continúen marginadas dentro de una organización cuyo nombre, heredero de tiempos machistas, no las incluía, aunque ejerzan la presidencia. ¿Y por qué no se saltó completo? “Colegio de Abogadas y Abogados”. ¿No es que “ladies first”?
Al aplaudir la reforma, exigimos ir más allá. Deben corregirse códigos y demás leyes, de nuevo sin necesidad de pasar por el Poder Legislativo. Quien corrigió sin tal molestia la ley orgánica de 1941, igual podrá corregir todas las demás que se empeñan en hablar de “abogado”, “defensor” o “mandatario”, cuando evidentemente, si no quieren incurrir en mezquina discriminación, debieran decir “abogado y abogada”, “defensor y defensora” y “mandatario y mandataria”. Para no mencionar el término “patrocinado”, con el que muchos jueces sin conciencia de género podrían entender que las abogadas y abogados solo podemos tener clientes varones del sexo masculino, en vez de, como en verdad podemos, clientas y clientes.
Como abogadas y abogados sentamos cátedra, bien harán los otros gremios en decidirse a desagraviar a sus féminas: “Colegio de Ingenieros, Ingenieras, Arquitectos y Arquitectas”. Largo, pero preciso. Y aunque palabras como “periodista” encierren forzadamente a ambos sexos, conviene mostrar apertura al modernismo, cambiando su nombre por “Colegio de los Periodistas y las Periodistas”; no sea que algún juanvainas se confunda.
La vital reforma no debe agotarse en el campo profesional. El igualmente viejo Colegio de Señoritas deberá remozarse ante la flexibilización de arcaicos criterios morales, para cubrir a quienes podrían haber perdido tal condición. Y ahora que la Sala Cuarta amenaza con obligarles a recibir varones, siendo justo distinguir entre quienes han tenido sexo y quienes se mantienen vírgenes, el esfuerzo podría cristalizar en algo así: “Colegio de Señoritas, no Señoritas, Señoritos y no Señoritos”. Parece largo, pero la precisión debe ser regla.
Claro que el vanguardismo siempre encontrará enemigos. Como aquellos que, con insano espíritu caricaturizante, afirman temer que los tiempos nos lleven a exigir que los caballeros orinen sentados, ante la dificultad de que las damas lo hagan de pie.

Ricardo D. González Vargas
Abogado y notario