Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 20 Noviembre, 2008

De cal y de arena
Gato cansado, alacena vaciada

Alvaro Madrigal

El cansancio que sufre el presidente Arias, según confesión propia hecha recientemente, debe ser de efectos adormecedores, quizá con un soponcio que le impidió advertir que las resoluciones presidenciales que le redactaron y le sometieron para su firma, referentes a la minería a cielo abierto, bien podían estar apegadas a las leyes y reglamentos mas no a los valores y sentimientos que inspiran sus compromisos insertos en el programa “Paz con la Naturaleza” que tanto ha pregonado en los foros internacionales. Pensamos que don Oscar, cansado y quizá asueñado, fue sorprendido y no leyó —menos estudió— ni sometió a la prueba de ácido el decreto ejecutivo que llegó a su escritorio. No se le advirtieron los riesgos políticos ni las implicaciones de la medida sobre el bien común, el sentido de oportunidad y la razón de conveniencia, útiles cartas a jugar por un presidente que hace valoración de costos y beneficios. Pareciera que fue sorprendido y que solo se le dijo que todo estaba a tono con leyes y reglamentos sin exponérsele una visión global del expediente. Estamos, pues, ante errores y omisiones que le han significado al Dr. Arias un precio político muy alto, provocado por acompañamientos, consejerías y apoyos de mala calidad, evidenciados ahora en el caso de Las Crucitas como ayer en lo de los bonos chinos, los valimientos obsequiados por el Banco Centroamericano de Integración Económica, el memorando del miedo y la manera de tramitar el TLC, la inseguridad ciudadana, los recursos hídricos de Sardinal y, cuidado si no también, la ruptura del nudo gordiano que oprime las operaciones portuarias en Limón y Moín. Don Oscar Arias Sánchez, tan pagado de sí mismo y hoy con una estima ciudadana en declive, ¿no dispone de una criba que le permita seleccionar bien el elenco de colaboradores de manera que una sacudida le permita sobrellevar de mejor manera su cansancio?

A la ya abultada lista de desafíos que circundan su administración, el presidente Arias debe agregar con características perentorias el asunto de la inflación, que lleva rumbo y dimensiones dislocantes. ¿Cómo, con qué firmeza y valentía, con qué armas va a llegarle al fondo de los factores domésticos que atizan el problema con dimensiones graves? El país espera que el Jefe de Estado les entre a monopolios y oligopolios que estrechan líneas de abastecimiento fundamentales para la producción. Acero, hierro y cemento; fertilizantes y agroquímicos; harina de trigo y maíz; la política monetaria, el manejo de los precios de los combustibles... ¿Cómo es que el precio de la carne en canal está por el suelo pero el consumidor debe pagar valores astronómicos? Y el petróleo a $60 con gasolina del nivel de $120? ¿Será este gobierno puro fuelle o les va a entrar con ganas a los grupos de presión dominantes? El tema va más allá del precio en la góndola de la leche fluida, de la papa y de la cebolla y tiene que ver con el control de los factores desequilibrantes de los precios de los insumos que, al fin y al cabo, determinan si un país es de propietarios y no de proletarios, y si hay equidad en la distribución de la riqueza.