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Canciller René Castro afirma que sería más barato permitir mayor generación privada limpia
“Garabito es una pifia del ICE”
Plan para reducir efectos de cambio climático requiere inversión de $300 millones anuales, estimó Ministro

En palabras muy sencillas, el jefe de la diplomacia costarricense apunta la necesidad de que en el país y más específicamente en las instituciones insignia deje de sacrificarse el interés nacional, por mantener egoísmos gremiales.
En momentos en que la costarricense Cristiana Figueres encabeza la organización de la próxima cita mundial ambiental, el Canciller apunta bien la ruta a seguir para evitar mayores daños al planeta. En ese sentido, cuestionó la construcción de la planta termoeléctrica Garabito, por parte del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE).

Frente a la próxima cumbre mundial en procura de frenar el cambio climático, ¿qué está haciendo Costa Rica?

Somos el primer país en ponerle números a lo que debe invertirse para detener ese fenómeno. Personalmente estoy haciendo gestiones para que las demás naciones hagan sus cálculos y entonces poder hablar claro.

¿Qué dicen esos números?

Bueno, para comenzar, dicen que Costa Rica deberá invertir de aquí a 2021 al menos un 1% del Producto Interno Bruto, en obra que nos permita prevenir y mitigar los efectos del tan cambiado clima.

Eso significa alrededor de $300 millones anuales, ¿será posible?

Recientemente se ha venido destinando cerca del 0,5% del PIB, prácticamente a paliar los efectos de los desastres. Recientemente se aprobó adjudicar entre un 8% y un 11% del presupuesto nacional, a la educación superior y eso es cerca de un 0,1% del PIB. Con voluntad, pero sobre todo teniendo una visión clara al futuro, se puede tomar cualquier decisión.

¿Qué gana Costa Rica comprometiéndose a gastar ese dinero en prevención, si el resto de los gobiernos no hace lo mismo?
Esa es una pregunta que ya nos hemos hecho, y que ha dado pie al Plan B, que llevaremos a la cumbre de Cancún.

Siendo realistas, un 1% del PIB mundial es muchísimo dinero, ¿de dónde puede salir esa cantidad?

Es cierto. Es mucha plata, pero si se compara con lo que se dedica a comerciar armas, es apenas la tercera parte. El año pasado la Ayuda Oficial para el Desarrollo (ODA por sus siglas en inglés), sumó $106 mil millones, y eso es apenas un 0,22% de la producción del mundo.

¿Podría ser un poco más concreto, sobre esas formas de conseguir el dinero?

Claro. Vamos a ver. En un país como Costa Rica, en proyectos forestales por ejemplo, costaría más o menos $7 fijar una tonelada de carbono. Según los estándares más estrictos (Gold Standard), en los países desarrollados eso cuesta $25.
Eso podría manejarse cobrando $0,01 por caja de banano o $0,02 por caja de piña, que los consumidores pagarían para mantener las plantaciones o los bosques.

¿Qué es lo más duro de la carrera contra el cambio climático?

Hacer ver a los países desarrollados que los primeros en sentir los efectos del desastre ambiental van a ser los que menos daño hacen, es decir los más pobres. De hecho, hay 43 naciones sobre todo insulares que podrían desaparecer bajo el mar, en cuestión de 50 años.

¿Qué falta por hacer en Costa Rica?

Hay que seguir fortaleciendo la reforestación y mantenimiento de bosques y preocuparnos en serio por la generación eléctrica limpia. Y sobre todo buscar soluciones al talón de Aquiles que es el transporte, infraestructura y flotilla.

Usted dice preocuparse en serio por la generación eléctrica, ¿por qué?

Porque hablamos mucho y no acompañamos esas palabras con acciones. Por ejemplo, la planta eléctrica Garabito es una pifia del ICE. Yo la combatí hasta el final, pero no se pudo detener a quienes se preocuparon más por los intereses gremiales, que por el bien país.

¿Por qué una pifia?

El argumento para construirla fue que urgía y no se pensó en que sería ambientalmente más barato permitir más generación privada limpia, que eso.

¿Acciones que se deben tomar ya?

Estamos valorando opciones para que los empresarios puedan renovar las flotillas de transporte a través de líneas de crédito blandas y por supuesto, mejorar el estado de las carreteras para reducir las emisiones.

Ernesto Villalobos
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