Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 8 Febrero, 2010


¡Ganó!


¡Menuda tarea la de los columnistas de los lunes del periódico LA REPUBLICA! Tenemos que escribir dos días antes de las elecciones para ser publicados hoy —8 de febrero— el día después de las mismas. ¿Sobre qué podría uno opinar que interese a los lectores? Si todos —incluyéndonos— hemos amanecido ansiosos por conocer todos los pormenores de la jornada electoral de ayer.
No es la primera vez que me enfrento a una situación similar: sin saber el resultado del histórico referendo sobre el Tratado de Libre Comercio en 2007 ni el vencedor de las elecciones primarias de Liberación Nacional el año pasado, tuve que imaginarme a mí misma leyendo lo escrito.
La semana pasada la dirección de este periódico invitó a sus columnistas a ofrecer un pronóstico personal del resultado porcentual de cada candidato antes de la publicación de las últimas encuestas. Solo Macarena Barahona y yo proyectamos que ninguno iba a alcanzar el 40% necesario. ¿Habremos acertado? ¿Habrá segunda vuelta? ¿Entre Laura y quién? Ahí sí —y por pocos puntos— disentimos. Ella dijo Otto y yo dije Ottón.
Y es que hablar “mal” de las encuestas ya aburre: uno simplemente no cree en ellas. No porque sean amañadas o poco científicas sino porque es evidente que los indecisos deciden —valga la redundancia— el resultado a último momento, sobre todo cuando son tan numerosos. Y muchos de los encuestados —aunque estén casi seguros de a quién le darán su voto— no dicen la verdad.
El comportamiento del electorado hace años dejó de ser previsible. ¿O no recuerdan la más que extraña experiencia de hace cuatro años? La amiga de una amiga resume la noche del primer domingo de febrero de 2006 así: “Yo me acosté con Ottón Solís presidente y me desperté con Oscar Arias”… Sin comentarios. ¡Sin comentarios! Sin ningún tipo de comentarios.
¿Nos habremos acostado anoche con dudas o con la absoluta certeza sobre quién regirá el destino del país los próximos cuatro años?
Nunca he ganado una elección. Suena más que lógico si consideramos que nunca he sido candidata a nada; sin embargo lo que quiero decir en mejor castellano es que nunca he votado por el ganador. ¿Y esta vez? ¿Gané? Mientras escribo estas líneas no lo sé.
De manera que el título de esta columna puede tener múltiples interpretaciones. Y aunque lo he decorado con signos de admiración, estos pueden ser —también— leídos de múltiples formas: positiva, es decir con alegría y espíritu victorioso; o negativa indicando preocupación, tristeza o angustia. Tienen ustedes la libertad de interpretar el título —con todo e interjecciones— como mejor les parezca.
Si ya tenemos [email protected], [email protected] [email protected] Si vamos a una segunda vuelta, suerte a los dos candidatos mayoritarios. Congratulaciones al columnista que más se haya acercado con su pronóstico a los resultados finales (confío en ser la ganadora para recibir mi premio). En realidad espero que el verdadero ganador sea el país. Quiero creer que ayer Costa Rica ganó.

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