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Jueves 25 Octubre, 2012

Futuro político de Estados Unidos

Faltando menos de un mes para las elecciones en los Estados Unidos de América nos encontramos ante un panorama político inédito en el que el presidente Barack Obama procura su reelección luego de haber gobernado cuatro años, periodo en el que ha logrado un crecimiento, aunque lento, de la economía, controlando los efectos de la crisis los años 2008–2009, originada por los excesos de la administración anterior del presidente Bush.
No ha sido fácil para Obama enfrentar el poder de sus opositores del Partido Republicano, sobre todo por la ley de seguro social que promovió, mediante la cual ha pretendido brindar asistencia médica a millones de habitantes que no tenían acceso a la salud. Esta ley ha encontrado gran oposición, sobre todo de las grandes compañías aseguradoras, farmacéuticas y profesionales del campo de la salud que ven amenazadas sus millonarias ganancias.
Gracias a su empeño en sacar adelante un régimen de reparto y solidaridad, al afrodescendiente Obama se le ha calificado de izquierdista, socialista y hasta comunista por quienes defienden la exclusión del Estado en actividades que consideran propias de la empresa privada.
Pero ahora tenemos otro elemento en juego que ahonda las diferencias y es el hecho de que históricamente el sillón presidencial ha sido monopolio de políticos blancos pertenecientes a las corrientes protestantes mayoritarias, a excepción de Kennedy quien era católico, y ahora surge como gran opositor un mormón, Mitt Romney, miembro de una secta religiosa que se ha caracterizado por su ideología “americanista” de la que representa una versión radical, donde han construido una historia de éxito, por su espíritu emprendedor, trabajo duro e individualismo, pero sobre todo unión de grupo, sentido gregario y desapego en relación con el Estado; tienen fama de hombres de negocios serios y diligentes, pero se les califica de jefes duros, sobre todo con los inmigrantes hispanos.
En el fondo podemos percibir dos corrientes filosófico políticas claramente definidas, un Obama que promueve la participación del Estado en procura del bienestar social y del otro, un postulante que fue educado como un supernorteamericano cuya ideología tiene orígenes de fundamentalismo capitalista, quienes han creído que el éxito en los negocios es señal de que Dios te ama, que tienen mucha fe en la nación pero rechazan al Estado, sobre todo en lo que se refiere a los impuestos.
Ante estas perspectivas políticas, surge la interrogante acerca de cuál será la escogencia del pueblo que tendrá que decidir entre dos filosofías político económicas, una de ultraderecha sin participación estatal o una propuesta reformista.

Alfredo Blanco Odio
Doctor en Estudios Latinoamericanos