Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 28 Septiembre, 2009


Fútbol y política


Como poco y nada me interesa el fútbol, cuando escucho apasionadas discusiones entre fanáticos de diferentes equipos, siempre pregunto las razones por las cuales alguien es hincha de uno u otro. He escuchado distintas razones entre las que destacan la herencia familiar, la identificación con uno o más jugadores, o —en menos casos— la pertenencia a un determinado barrio o provincia.
Para los jugadores en cambio ese es su trabajo y si bien antes nacían y morían en un equipo, desde que el fútbol se profesionalizó, pasan de un equipo a otro según las condiciones económicas que les ofrecen.
En Costa Rica —por poner un par de ejemplos— Julio César Wanchope y Froylan Ledezma han recorrido el mundo vistiendo diferentes camisetas.
El primero se inició en el Herediano, pasó por tres equipos en Inglaterra, uno en España, otro en Qatar, jugó con Rosario Central de Argentina y con el AFC de Tokio y, antes de regresar a Heredia, fue parte de un equipo de Chicago.
El segundo, luego de jugar con la Liga Deportiva Alajuelense, lo hizo con equipos holandeses, paraguayos, bolivianos, griegos, austriacos y alemanes, pasando por Saprissa y nuevamente Alajuela.
La política no se parece al fútbol. ¿O sí? Pensémoslo.
Las razones para pertenecer o simpatizar con un partido político deberían ser ideológicas pero la verdad es que la mayoría de sus seguidores lo hacen por tradición familiar, porque se identifican con un candidato o —en menos casos— por la pertenencia a un determinado cantón o provincia.
Para quienes aspiran o asumen cargos de elección popular ese es su trabajo y si bien antes nacían y morían en un partido, hoy por hoy pasan de uno a otro según las condiciones económicas que les ofrezcan.
En Costa Rica abundan los ejemplos.
Políticos que aspiran a la presidencia se cansan de estar en “banca” y arman un equipo nuevo, renegando de sus “entrenadores”. Como es el caso de don Rolando Araya.
Señoritas que llegan a la Asamblea Legislativa gracias a un partido al que luego rechazan, coquetean con un posible candidato presidencial de otro partido y cuando este no las ensalza —o ven que no tienen posibilidades— dirigen su mirada a la señora que puede ser la primera Presidenta de Costa Rica y aprovechan todas las cámaras de televisión para manifestar su enérgico entusiasmo ante la victoria en las elecciones primarias de su nueva líder. Así actuó Andrea Morales.
Señoras diputadas de un partido emergente que disputan con sus compañeros, se independizan, forman quórum con la mayoría y luego le dan su adhesión a quien tiene más posibilidades de llegar al poder con el objetivo de seguir existiendo en la política. Digamos la señora Arguedas Maklouf.
Tal vez quien más similitud tiene con Wanchope y Ledezma —sin pretender ofender a tan magnos deportistas— es don José Manuel Echandi, que luego de pertenecer al Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), llegó a la actual Asamblea Legislativa por el Partido Unión Nacional, intentó regresar al PUSC como precandidato presidencial y ahora le da su adhesión a la candidata del oficialismo.
Doña Laura —ante tal cantidad de adhesiones— debe estar feliz. Si llega a ser la “entrenadora” de este país ¿logrará ubicar a [email protected] sus pretendientes en el equipo? Seguro sabe que si deja a más de uno en la banca se arriesga a que se vayan a otro equipo. Pero bueno esas son las reglas del fútbol. Y —al parecer— también de la política.

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