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Mandatario le dio un giro a la vida política de este país después de 20 años de gobiernos de derecha
Funes, modelo de izquierda “a la salvadoreña”
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San Salvador/EFE

La victoria electoral del periodista Mauricio Funes, convertido en el primer presidente de izquierda de El Salvador, ha dado un giro a la vida política de este país centroamericano después de veinte años de gobiernos de derecha.
Funes, un agudo entrevistador televisivo, catapultó al poder al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), 17 años después de la firma de los acuerdos que acabaron con la guerra civil que esa antigua guerrilla libró con el Ejército entre 1980 y 1992.
Con seis meses en el poder, el mandatario salvadoreño se sitúa como el mejor evaluado de América, con un 85% de opinión favorable, según la firma privada Cid-Gallup, aunque otros sondeos le dan un nada despreciable 78% de aprobación.
Su mandato lo ha concentrado en aspectos como la economía, los programas sociales y la inseguridad, y más recientemente a atender una tragedia causada por las lluvias de comienzos de noviembre, que se cobraron al menos 199 vidas y causaron daños millonarios.
Tan pronto asumió el poder, Funes despejó las interrogantes que rodearon su triunfo en cuanto a su relación con los gobiernos de izquierda en Latinoamérica, encabezados por Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, así como sus lazos con Estados Unidos.
En su discurso de toma de posesión, Funes citó a los mandatarios de Estados Unidos, Barack Obama, y de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, como “los ejemplos vigorosos” de su mandato de cinco años, al tiempo que restableció las relaciones con Cuba, rotas desde 1961. “El presidente Obama probó que es posible reinventar la esperanza y recuerdo que el presidente Lula decía que demostró que se puede hacer un Gobierno popular, democrático, con una economía fuerte”, afirmó.
Sobre Cuba, aseguró que su Gobierno, por su “carácter progresista y pluralista”, normalizaba “de inmediato” los vínculos diplomáticos, comerciales y culturales con la isla.
Esa decisión marcó un claro distanciamiento de la política exterior hasta entonces mantenida por la derechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), que gobernó el país durante cuatro lustros consecutivos.
A su investidura no asistieron sus homólogos de Venezuela, Hugo Chávez; Bolivia, Evo Morales, y Nicaragua, Daniel Ortega, y durante su administración han sido más fluidos los contactos con Brasil y Chile, los otros exponentes de la izquierda latinoamericana.
Incluso aclaró recientemente que no tiene una visión antiimperialista y deslindó su política exterior de las opiniones o posiciones que, como partido, pueda defender el FMLN.
“No comparto esa visión de la realidad latinoamericana y particularmente de las relaciones que los pueblos de América Latina debemos tener con Estados Unidos”, afirmó Funes, quien no cuenta con un pasado como militante del FMLN.
Funes ha insistido en el que el pensamiento del asesinado arzobispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero será la inspiración de su Gobierno que, según sus palabras, recibió “desfinanciado” y así ha tenido que capotear además los efectos de la crisis mundial.
En su momento anticipó que el déficit fiscal del país rondaría los $500 millones, aunque algunos expertos lo han cifrado en alrededor de $700 millones, un 5,6% del Producto Interno Bruto (PIB).
Además, las remesas que envían los salvadores en el extranjero, que representan un importante ingreso para el país, se contrajeron un 10% en lo que va del año, lo que ha causado una baja del consumo, que no avanza pese a la deflación que por cuarto mes consecutivo registró el país en octubre.
Acompañado por un equipo de “técnicos” en el área económica, ha acudido al Banco Mundial (BM), al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) para impulsar sus proyectos, muchos de ellos centrados en la parte social.
También recurrió al Ejército para que apoye la labor de la Policía Nacional Civil (PNC) en el combate a la delincuencia, que causa entre 10 y 12 muertes a diario en este país de 6,1 millones de habitantes, el más pequeño de América.
En asuntos de derechos humanos, como el asesinato de Romero, en 1980, y de seis jesuitas y dos sus colaboradoras de ellos, en 1989, Funes ha asumido la responsabilidad del Estado y expresado su disposición a pedir perdón, aspectos sobre los que ARENA había guardado silencio.
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