Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 28 Septiembre, 2016

Los psicólogos se han dado cuenta de que los seres humanos quieren atribuir rasgos humanos a los animales con los que se relacionan

Frenado antropormorfismo de diputados

Afortunadamente la Sala IV declaró inconstitucional la Ley de Bienestar Animal; los magistrados encontraron desproporcionadas las penalidades aplicadas a los que fueran encontrados culpables de actos de crueldad.

Sin duda, no se debería permitir brutalidades contra las bestias, pero encarcelar hasta por tres años a humanos por maltrato animal es excesivo.
Es posible que la emoción, y no la razón, prevaleciera al considerar y aprobar esta legislación. Se rumora que durante los debates del proyecto más de un legislador se emocionó al hablar del perrito que tuvo cuando jovencito.


La “inteligencia” de los perros y gatos fue algo reconocido por más de uno; un comportamiento “igual a los humanos” obligó a más de un grupo que apoyaba la ley a manifestar que estaban seguros que los animales “también van al cielo”.
Es posible que entre los diputados con más años encima había unos que recordaban ver a “Mr. Ed” en la televisión y les quedó pegada la idea de que hay caballos que hablan. Es más, hay quien está seguro de que “entienden todo” —se ven tan inteligentes— pero solo “Mr. Ed” se dignó a hablar con los humanos. ¿Y qué tal Lassie?
Después de siglos de estudiar el fenómeno, los psicólogos se han dado cuenta de que los seres humanos quieren atribuir rasgos humanos a los animales con los que se relacionan.
Si uno ve la carita de los perros que aparecen en la publicidad para la comida especial para ellos, está claro que “Rex” o “Gringo” o “Fofito” son unos “divinos”; casi son niños, y “tan inteligentes” y “amorosos” que son.
Mientras tanto se reportan manadas de perros salvajes en ciertos puntos de la aglomeración metropolitana y específicamente en Alajuelita y ciertas partes de Desamparados.
Hay gatos salvajes en otros sectores; ¿la ley incluyó castigos para los que abandonan a sus mascotas? ¿Y qué pasaría si alguien “elimina” algunos de estos animales que no tienen amo y que tampoco tienen miedo y atacan a los seres humanos?
El proyectar rasgos humanos a los animales es una manifestación del antropomorfismo. Más que el animal no existe en la naturaleza, por ejemplo, el perro o el gato, que han sido creaciones del ser humano, más probable que prevalezca la idea de que “con poco hablarían.”
Nadie o muy pocos ven rastros humanos en los “zorros” o los “pizotes”, pero he oído a más de uno (ninguno diputado actual) decir que la “mascarita” de los mapaches les hace parecer un “chiquito travieso.”
En siglos pasados hombres de dinero comisionaban pinturas de su caballo favorito; es más, en un museo de arte tradicional es más probable encontrar rendimientos del corcel de los “grandes” que de la esposa.
Es posible que los “padres de la patria” hagan un esfuerzo para producir una ley más aceptable de protección a los animales para los habitantes, representados por los magistrados, y no por los que los eligieron (que no fueron los animales). Por más rasgos humanos de algunos animales no se les ha dado el derecho al sufragio aún.

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