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Sábado 8 Septiembre, 2012

Franjas electorales y equidad

En el entramado social “quien domina la información, domina el poder”. Esta sentencia, también, puede extrapolarse a la política. Justamente, y de cara al ejercicio del sufragio, los ciudadanos le adeudamos a la democracia una alta cuota en el rubro “responsabilidad” cuando emitimos nuestro voto. La simbiosis derecho-deber es clara: votar sí, pero hacerlo responsablemente
Hay un clamor por más y mejor información sobre los partidos políticos, sus candidatos, propuestas e ideología. Ante este panorama es esencial implementar, sin retrasos, mecanismos exitosos para combatir la carencia de información ciudadana en torno a la política.
Las franjas electorales se presentan como interesantes herramientas que podrían aportar numerosos beneficios.
Estas franjas, en aquellos países en donde se prevén, son espacios legalmente determinados, en favor de los partidos políticos y bajo condiciones de igualdad, en los que los medios radiales y televisivos ceden espacios de su programación para la pauta de anuncios de todas las agrupaciones partidarias. Además, la administración y distribución de los espacios es competencia exclusiva de la autoridad electoral.
Las franjas, por tanto, aprovechan el espectro electromagnético —un bien del Estado— para que los partidos políticos divulguen equitativamente información de su interés. El acatamiento obligatorio por parte de los medios lo impone la ley.

En México, Uruguay, Chile y Perú, las franjas electorales han significado un paso más en la evolución democrática. El ciudadano recibe información política en lapsos y condiciones que el ordenamiento fija; el partido político pauta mensajes en relación con sus candidatos y propuestas de campaña que son transmitidos, periódicamente, en canales de televisión y radioemisoras; y, por último, los medios de comunicación se afianzan como actores sociales y políticos trascendentales.
Los beneficios de las franjas electorales se cuentan por numerosos, y estos encarnan el éxito de tales instrumentos: la mejora en el acceso de la información; el ahorro de recursos, otrora destinados al pago de los cortos y las cuñas; un óptimo control cuantitativo y cualitativo de la información divulgada (sin limitar la libertad de expresión) por parte de los organismos electorales, y la difusión más espaciosa de los mensajes partidarios figuran como las ventajas claves.
La reforma legal que implemente esta herramienta es posible. Para su adopción, no obstante, es imperiosa una negociación política en procura de construir los consensos necesarios.
Eso sí, la provechosa experiencia latinoamericana se ha fundamentado en un aspecto medular. El esquema de las franjas electorales excluye, desde su diseño, la contratación de pauta adicional en favor de cualquier agrupación política. Producto de tal restricción, los partidos despliegan su transmisión informativa en igualdad y, como consecuencia, la equidad en la contienda electoral se hace patente.
En síntesis, las franjas electorales son una herramienta ventajosa a la cual podemos apostar. Al decir de Benjamin Franklin, “invertir en conocimientos produce siempre los mejores intereses”. Invertir en la democratización de la información es repuntar hacia la anhelada reivindicación de la participación ciudadana.

Mario Matarrita Arroyo
Abogado