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Francia estalla en nuevas protestas
Los estudiantes y la escasez de gasolina dominan las manifestaciones


La creciente participación de estudiantes de bachillerato en las protestas contra la reforma de las pensiones y el bloqueo que las huelgas han impuesto al suministro de combustible protagonizaron ayer la nueva jornada de paro que recorrió Francia.
Enfrentamientos con la policía y escenas casi de guerrilla urbana en algunas zonas del país invadieron las televisiones e internet en la nueva protesta masiva convocada por los sindicatos contra el plan del Gobierno y su medida más destacada: el retraso en dos años, hasta los 62, de la edad mínima legal de jubilación.
Cubos de basura volcados e incendiados a la puerta de los institutos y enfrentamientos con las fuerzas del orden protagonizados por “vándalos”, según las autoridades, dominaron durante las primeras horas los informativos de televisión y las crónicas de radio.
Pero con cuatro mil surtidores de gasolina a la espera de suministro, según los datos del Gobierno, la urgencia de recuperar la normalidad del abastecimiento energético fue el motivo que obligó a intervenir al presidente de la República, Nicolas Sarkozy, quien aseguró que actuará para impedir que haya escasez.
“Hay gente que quiere trabajar” y “no puede estar privada de combustible”, dijo el presidente, quien reiteró que la reforma de las pensiones es un asunto sobre el que ha “reflexionado mucho”.
Sarkozy subrayó que el proyecto no puede retrasarse si se tiene en cuenta que ya actualmente una de cada diez pensiones se tiene que financiar con deuda, ya que las cotizaciones de los trabajadores no son suficientes.
Ya el lunes Sarkozy advirtió de que no habrá cambios en la línea gubernamental sobre las pensiones, de la que dijo que “es perfectamente normal y natural que cree inquietudes y oposición. Es normal, también, y natural que un gobierno democrático, en una democracia parlamentaria, se asegure de que los automovilistas tengan gasolina y que no haya enfrentamientos”, agregó.
El Gobierno del primer ministro François Fillon llamó a una reunión especial para analizar la situación del suministro de combustible, que en algunas zonas del país siguió dominada por las esperas ante los surtidores mientras la patronal advirtió de que los bloqueos de las refinerías tienen ya coste económico, aunque no lo cifró.
El jefe del Gobierno estimó que harán falta cuatro a cinco días para restablecer la normalidad en las gasolineras, sobre cuya situación real pareció no haber datos perfectamente fiables durante el día, como tampoco en los días anteriores.
Pero Fillon no ahorró calificaciones para las acciones de los manifestantes más agresivos y habló en la Asamblea Nacional de “intimidación, bloqueo y violencia”, durante la habitual sesión de preguntas al Gobierno.
La asistencia a las cerca de 270 manifestaciones preparadas en todo el país volvió a ser masiva, aunque la guerra de cifras entre sindicatos y Gobierno vivió una etapa reeditada.
En París, la gran manifestación alojó en las calles a unas 330 mil personas, tantas como en la del 12 de octubre, según el sindicato CGT, mientras que las autoridades dejaban en sólo 67 mil el número de asistentes en un día frío y con lluvia en la capital.
En el conjunto del país la CGT aseguró que volvieron a manifestarse 3,5 millones de personas, cifra que el Gobierno rebajó hasta los 1,1 millones, unas 130 mil menos que en la jornada de protesta del día 12.
Los desfiles convocados y el paro al que se llamó a los franceses pretendía preceder y presionar al voto en el Senado de la reforma de las pensiones, un proyecto todavía sometido al debate de cientos de enmiendas presentadas por la oposición.
Por ello es posible que el voto en la cámara alta acabe demorándose hasta más allá del fin de semana próximo, es decir, después de que los sindicatos valoren el empuje que tiene su convocatoria.
Ya ayer se registraron los primeros titubeos en el frente sindicalista respecto a la continuación del movimiento de protesta, que algunos sindicatos (CGT, FO, FSU y Solidaires) quieren proseguir, mientras que los moderados de la CFDT prefieren comenzar a desactivar.

París
EFE


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