Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

Enviar
Viernes 9 Octubre, 2009


Finlandia debe dar la cara


No existen corruptos sin corruptores.
El principal perdedor del juicio más importante de la historia política y legal de Costa Rica fue la Caja de Seguro Social.
Los jueces comunicaron la decisión este lunes asegurando haber fundamentado la sentencia en “la verdad real”, una que al menos no reconoció daños económicos y morales que la Caja aduce haber sufrido.
La “emblemática Institución” reclama a través de sus abogados $46 millones, argumentando entre otras cosas el desprestigio generado por el empréstito finlandés que le provocó una pérdida de credibilidad, confianza y respeto entre los costarricenses.
Por su parte, el tribunal dice que “debemos estar agradecidos con Finlandia y su agencia de crédito de exportación FINNVERA”, ya que el préstamo fue bueno y ha cumplido una gran labor social y humanitaria como cometido de la política finlandesa.
Yo, al menos como costarricense, discrepo con el tribunal y no me siento nada agradecido con Finlandia, mucho menos por la forma de manejar y responder a este país sobre los grandes cuestionamientos que se levantan a partir de esta condena.
Si los hechos sentenciados por los jueces son ciertos, la autorización de préstamos que proceden de un país desarrollado a uno del Tercer Mundo careció evidentemente de los elementos suficientes de control y ejecución para prevenir los supuestos actos.
Siendo este el caso, Costa Rica debe exigir en las más altas instancias diplomáticas una respuesta de parte de los finlandeses.
“También es verdad y se demostró con prueba que la comisión en dólares estadounidenses que recibieron los imputados… fue por la licitación por parte de la ‘Caja’ a la empresa finlandesa Instrumentarium Medko-Medical”.
Finlandia nos ofrece un préstamo condicionado a que se compren equipos elaborados en ese país, a una tasa cero de interés. Esto no es caridad, puesto que el dinero del empréstito se está usando para impulsar a una empresa de ese país nórdico, lo cual beneficia a su economía y por ende a sus contribuyentes, parece más bien un subsidio. Esto es “dar para recibir”.
Además, el tribunal señala que todo fue posible porque una cúpula de un partido político importante se alió con una empresa poderosa, que dicho sea de paso era representante de la compañía finlandesa.
Si los hechos sentenciados por los jueces son ciertos, estamos hablando de una red empresarial internacional que operó en el país, aprovechándose de un esquema de supuesta “cooperación” para el desarrollo.
Si todo esto es “la verdad real”, qué pena por Finlandia.