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Martes 12 Enero, 2010

Fin de la crisis o fin de las ideas

Con mucha preocupación he venido leyendo desde hace unos meses para acá entusiastas economistas y algunos otros científicos sociales pregonando el final de la crisis. Sus argumentos se basan en un renacer de las bolsas de valores, un despertar del consumo minoritario y una aparente recuperación del sector financiero internacional en los principales países del norte.
Lamentablemente, debemos recordar algunas de las lecciones que nos ha dejado este periodo desde 2007 a la fecha, a fin de no ser incautos con un tema donde los factores esenciales, lo que conocemos los economistas como los fundamentos, que motivaron la crisis, siguen aún presentes en los mercados.
Muchos de los activos tóxicos de los bancos aún están ahí, tenemos claramente un endeudamiento de los estados para atenuar la crisis del mercado que aún no ha sido saldado con impuestos de los contribuyentes y sobre todo, tenemos una depresión del comercio internacional y un deterioro sustancial del mercado de trabajo, que está muy lejano a recuperarse de los problemas de 2008 y 2009.
Las crisis alimentaria y ambiental siguen latentes en un mundo que ha mostrado su intransigencia en Copenhague, donde han ganado los intereses de las grandes corporaciones energéticas, amparados a un estilo de vida y de producción depredador del medio ambiente.
Latente está la crisis geopolítica donde el fantasma del terrorismo internacional vuelve con fuerza y son cada vez más evidentes, las señales de guerra.
En Costa Rica, al igual que lo argumenté hace un año y medio, hace falta un plan de acción de mediano y largo plazo frente a la crisis. Lograr suficiencia energética, sobre todo con una mejor y moderna infraestructura de transporte y una apuesta seria a las fuentes limpias, fortalecer la inclusión social, apostar en serio a la ciencia, la tecnología y la innovación y al mismo tiempo, lograr un fortalecimiento del sistema democrático son tareas impostergables.
Apenas se ha logrado con Avancemos una ligera disminución de la deserción escolar y colegial, pero el tema de la calidad e idoneidad de la educación sigue en el tapete.
Vemos pasar el tren del futuro de lejos mientras nos atamos la correa de los zapatos. Debemos ser capaces de ponernos de acuerdo como país en temas fundamentales que requieren políticas de Estado, no de gobierno, dejando de lado las vanidades personales o partidistas. Es lamentable, en tanto los debates políticos no se concentren en ideas y con transparencia y oportunidad se discuta sobre los grandes temas nacionales, la frustración de muchos se traduce en mensajes ofensivos o en campañas sin sentido, como si se tratara de apostar por lo menos malo.
De continuar en lo mismo, seguiremos en lo cotidiano como país, sin ser capaces de avanzar en serio por la senda del desarrollo.
Entre tanto ruido y por inercia, creemos haber salido de la crisis, pero por el contrario, la crisis de ideas nos ahoga cada día más.

Leiner Vargas Alfaro
Economista UNA
[email protected]