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Ordenar las finanzas públicas pasa por capacitar y vigilar el funcionamiento del sector público para disponer de un Estado profesional y despolitizado

Fin al despilfarro

Ordenar las finanzas públicas además de ponerle fin al despilfarro significa hacer que el gasto sea eficiente. Algo de lo cual, curiosamente, se habla muy poco y se hace menos.
Si se tienen cinco empleados en una pequeñita empresa y la mayoría pierde parte de su tiempo, el dueño o el gerente tienen dos caminos: o contratar más empleados para que trabajen del mismo modo o capacitar para la eficiencia y vigilar que se practique.
Es la segunda opción la que debe emprender el gobierno para demostrar, con hechos, el buen uso de esa porción tan grande del gasto público que son las planillas.
Se sabe que lo anterior no es tarea fácil, por el contrario, exige valor, convicción, conocimiento, talento y esfuerzo, todo lo cual no es ni más ni menos que la histórica oferta de los políticos durante las campañas para obtener los votos que los lleven al poder.
Sin embargo, lo que necesita Costa Rica son hechos. Si el gobierno considera que debe haber más dinero para el gasto ordinario deberá realizar primero la tarea de capacitación y control de la eficiencia del sector público, entre otras cosas.
No es un sector público “obeso” lo que se necesita, sino uno muy eficiente que pueda medirse por resultados y además por el tiempo de permanencia en su trabajo. Contención del gasto pero también máximo aprovechamiento. Al lograrse este fin se tendrá como consecuencia mayores recursos para adecuados salarios, un renglón que debe ser estudiado y readecuado ahí donde haga falta.
Por otra parte, la ineficiencia del sector público no solo es un despilfarro de recursos sino que ocasiona situaciones como la no ejecución del presupuesto. Una evidencia más de la falta de capacidad y la falta de controles sobre el desempeño.
Pero todo esto no ocurre por casualidad. Es el resultado de gobiernos que no han realizado la tarea en ese sentido.
Una vez más debemos recordarlo porque la deuda sigue pendiente.
Ordenar las finanzas pasa por acabar con el despilfarro y el clientelismo. Y esto no se logrará hasta que se tome la pospuesta decisión de capacitar y vigilar el funcionamiento del sector público hacia un Estado profesional, fuerte y eficiente.
No necesita Costa Rica propuestas demagógicas, de lo que está urgida es de acciones políticas alejadas del afán electorero y de los intereses particulares.
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