Enviar
Viernes 30 Septiembre, 2011

Fin al despilfarro

Hace unos días el Editorial de La República hacía énfasis en un ordenamiento de las finanzas públicas enfocado en capacitación y sobre todo fiscalización o vigilancia del funcionamiento del sector público.
Es harto conocido el despilfarro de los dineros del erario cuando se trata de pagar alquileres para tener diseminadas por todo lado las oficinas gubernamentales. Más de ¢37 mil millones mensuales se gastan, en ese rubro, cuando bien se podrían usar terrenos del estado para construir un centro ministerial.
Recordemos que las carreteras son del Estado y que sobre ellas se podrían construir miles de miles de metros cuadrados, sin perjuicio del tránsito de vehículos, y dicha inversión en infraestructura aliviaría las finanzas públicas. Solo a manera de ejemplo, en Curridabat existe una gran franja de terreno ocioso que va desde Café Volio hasta el final de la carretera Florencio del Castillo, dejando la prevista para la cacareada continuación de la mencionada carretera.
Si se utilizan los Fondos de Pensiones como préstamos para esas obras, en poco tiempo se cancela solo el ahorro de la escandalosa suma que año con año va en incremento con un 15% o un 10% de ley.
A la Caja Costarricense de Seguro Social el gobierno le paga la deuda pendiente con bonos, cuando en ahorros del tipo antes mencionado aliviaría la situación crítica de la entidad de salud. El problema de la CCSS tiene que ver también con el aumento desproporcionado del empleo público.
A más empleados más deuda, y de lo que sí estamos seguros es que en la administración pública sobra gente, sobran las instituciones que se convirtieron en elefantes blancos, como el Ministerio de la Vivienda, el Banhvi, el IMAS, el IDA; con solo un fortalecido INVU sobra y basta para construir casas baratas, hatillos, condominios, o sea, un INVU despolitizado y fuerte.
Ya que hablamos del sector vivienda, el peor error cometido por la administración pública fue la donación de los bonos para vivienda. Con un periodo de gracia para comenzar a pagar el monto prestado, intereses bajos y plazo largo, era muy funcional el sistema del bono de la vivienda, el fondo revolutivo crecía y el pueblo era solidario.
La construcción y el empleo de ese sector iba en auge y todo el mundo ganaba. A más bonos, más tugurios que son un gran atractivo para la gente que espera con las manos abiertas para que el gobierno haga el óleo de fondos del erario.
En resumen, el final del bono gratuito de la vivienda, la construcción de edificios sobre carreteras nacionales, la fusión de entidades autónomas y semiautónomas, una masiva movilización laboral hacia el sector privado por medio de las sociedades laborales, más una eficiente labor en el cobro de tributos, le daría excelente rédito a la administración Chinchilla para frenar el despilfarro, para ponerle fin a la gran piña-tica.
¡Ah!, y hay que eliminar los odiosos días libres del empleado del Registro Nacional, del Tribunal Supremo de Elecciones, del Poder Judicial, de los municipios, del educador, etc. Para eso existe el Primero de Mayo, Día del Trabajador.

José Francisco Monge Masís