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El fideicomiso ahora tiene un nuevo impulso para que los fondos de pensiones, inversión, e incluso inversionistas sofisticados financien las obras, con la presentación la semana antepasada de la marca Esfera del Banco de Costa Rica.
El Banco Nacional y Scotiabank, tal como el propio BCR, ya han ejecutado varios proyectos exitosos, aprovechando esta figura.
Sin embargo, esta es la primera vez que un banco propone la expansión del fideicomiso como un instrumento para desarrollar las obras, tras la creación de una división especializada en el tema.
Con un mayor conocimiento de la figura, se espera crear opciones de inversión en una amplia gama de proyectos de infraestructura, incluidos los de tamaño mediano, como carreteras locales y puentes, que en los últimos años se han retrasado.
En el caso de Esfera, se trata de la participación de unos 11 especialistas del BCR, sobre todo analistas, peritos, estadísticos, economistas y financieros, de alto nivel.
“La figura del fideicomiso de obra pública permite desarrollar diversos tipos de proyectos (hidroeléctricos, térmicos, inmobiliarios, carreteras, trenes), pues es un traje a la medida que se adecua a las necesidades del cliente, esa es una de las grandes ventajas que tienen los fideicomisos, pues permiten estructurar los proyectos a través de un contrato que es debidamente refrendado por la Contraloría General de la República”, dijo Roy Benamburg, gerente de Fideicomisos de Obra Pública de Esfera.
Incluso, la marca Esfera pretende reconocer la relevancia de la figura, al referirse a las obras precolombinas de piedra con forma esférica perfecta, designadas hace dos años por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.
No hay garantía de que una obra se realice en cumplimiento con los estándares prometidos y dentro del presupuesto, por el simple hecho de que se ejecute mediante el fideicomiso.
Sin embargo, la figura tiende a impulsar el desarrollo, al generar un sentido de seguridad de que el proyecto pague una tasa de retorno atractiva, ya que involucra a un grupo de especialistas, que vigila el proyecto a nombre de los inversionistas o interesados en el desarrollo.
La palabra fideicomiso, por cierto, viene del latín “fides”, que quiere decir “confianza”.
En un caso típico, un gobierno, sea local o nacional, desarrolla el plan de una nueva carretera, y escoge el banco —conocido como el fiduciario— que se encarga de la obra en todas las fases, empezando con la licitación y construcción.
Luego, el banco asegura la remuneración de los inversionistas, sea por el peaje, o por los impuestos cobrados por el ente público, que a la conclusión del proyecto, lo entrega al gobierno.
Costa Rica ya cuenta con unos 30 proyectos que aprovechan esta figura, la mayoría de ellos involucran montos menores a $200 millones.
Del valor total de $4,7 mil millones de estas obras, la mitad es financiada por los entes que las están pidiendo, mientras la otra mitad utiliza fondos de los inversionistas.
El fideicomiso más grande es el de la represa Reventazón del ICE por $1.400 millones, administrado por Scotiabank.
Asimismo, el BCR es el fiduciario del proyecto para modernizar la carretera San José - San Ramón, con un valor estimado de $500 millones, mientras el Banco Nacional entregó la semana antepasada al ICE la planta hidroeléctrica Peñas Blancas, la primera obra costarricense en desarrollarse por medio de un fideicomiso, tras la cancelación de los bonos emitidos en 2002.
Aparte del desarrollo de proyectos, la figura del fideicomiso puede ayudar en la titularización, al transformar en efectivo los activos fijos o de lenta rotación, y hasta la administración de las cuentas por cobrar.

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