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Es bien sabido que quienes coordinan este tipo de actividades masivas deben tener la habilidad para lidiar con la burocracia de la cosa pública y ofrecerle certeza a la empresa privada, que invierte tiempo y recursos para respaldar un evento que, hasta este año, era un éxito garantizado

FIA 2015: El remedio salió más caro que la enfermedad

Las reacciones generalizadas en torno al fracaso del Festival Internacional de las Artes de este año no son para menos.
La inoperancia e inexperiencia para maniobrar un evento de esta magnitud provocó la cancelación de conciertos, obras de teatro y un conglomerado de actividades que encadenarían, supuestamente, en una sólida plataforma de negocios para artesanos, cocineros, actores y todas las personas que subsisten del arte.
Alrededor de ¢782 millones se invirtieron entre Estado y patrocinadores, situación que se pudo evitar, en lugar de lo que se hizo: dejar margen para la improvisación.
Es bien sabido que quienes coordinan este tipo de actividades masivas deben tener la habilidad para lidiar con la burocracia de la cosa pública y ofrecerle certeza a la empresa privada, que invierte tiempo y recursos para respaldar un evento que, hasta este año, era un éxito garantizado.
La administración debió prever cualquier pormenor y tomar la decisión de cancelar el Festival.
No obstante, hay que reconocer las buenas intenciones del gobierno por escarbar en la manera en que se adjudican los contratos de este evento, alineadas a su propuesta de cero corrupción.
También existe una buena voluntad en llevar el evento a los cantones de Alajuela, Acosta, Aserrí y Desamparados, zonas generalmente ajenas a este tipo de iniciativas.
El FIA era un evento consolidado en el imaginario colectivo. Sus ediciones anteriores no hacían otra cosa más que mejorar año con año y brindar un sentimiento de pertenencia a quienes acudían a sus múltiples actividades.
El daño que se le causó en esta edición puede repercutir en la confianza y la apuesta que algunas empresas han tenido sobre la organización.
El desorden de la nueva administración invita a replantear si la cartera de Cultura está en las manos adecuadas, a propósito de los cambios que se vendrán en el gabinete de Luis Guillermo Solís.
En campaña electoral, el ahora Presidente rescató la importancia de invertir en cultura; sin embargo, no importará la cantidad que reciba el Ministerio, si lo que va a reinar son el caos, la improvisación y la ineficiencia.
Como un acto de humildad y autorreflexión, las responsabilidades deberán ser sentadas. Le corresponderá al gobierno, al fin y al cabo, reconocer que el remedio terminó saliendo más caro que la enfermedad.

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