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Al igual que sucede con otros sectores en el país, el agro no fue preparado para enfrentarse con éxito a los cambios
Faltó voluntad para transformar el agro

El proceso vivido por el agro costarricense en los últimos años, como consecuencia de no haber puesto en marcha políticas para su modernización y transformación, ha desactivado el estado social agrícola del país, generando la situación actual de ese sector.
Al no desplegarse políticas que eran necesarias para poner a nuestros agricultores en condiciones adecuadas de conocimiento, con moderna tecnología y capacidad para producir con eficiencia, ellos en general no están hoy preparados para enfrentar factores adversos, como por ejemplo la devaluación del dólar y los altos precios de los insumos importados.
Hace unos 20 años, el agro representaba más de un 12% de la producción nacional, mientras que hoy apenas supera el 8%. Esto significó una preocupante pérdida de trabajos, debido, entre otras causas, a problemas que significaron el cierre de empacadoras y el traslado de empresas a otro país.
Es obvia la urgencia de tomar medidas de corto, mediano y largo plazo, porque el campesinado se va quedando sin trabajo. Algunas de esas familias, ante el callejón sin salida en que se encuentran, deciden trasladarse a las zonas urbanas donde no tendrán en realidad solución a su problema sino que engrosarán las filas de los empobrecidos que entran a ese círculo vicioso sin posibilidad de salida.
Las medidas que el Ministerio de Agricultura dice estar tomando darán, según la propia Ministra, resultados a largo plazo. Pero nuestros agricultores necesitan además acciones de corto y mediano plazo que de alguna forma contrarresten lo que la falta de políticas adecuadas y oportunas ha provocado.
Al igual que sucede con otros sectores en el país, el agro no fue preparado para enfrentarse con éxito a los cambios y debido a eso en vez de estar aprovechando las favorables condiciones de tierra, clima y agua de Costa Rica para producir eficientemente, tanto para el consumo externo como para la exportación, se encuentra en serias dificultades.
Existe también la posibilidad de que agricultores de otros países, atraídos por esas condiciones propicias en el nuestro, inviertan para producir en territorio nacional. Sea como sea, la solución debe llegar rápido y las condiciones han de ser favorables no solo para los posibles inversionistas sino también para nuestros agricultores.



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