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Falta un plan integral en acción


Cuando no existe coherencia entre lo que el Gobierno le pide a la población para solucionar un problema y lo que el propio Gobierno hace en el mismo sentido, evidentemente el resultado no es el esperado.
Esto, que pareciera tan simple, es en realidad la causa de múltiples situaciones generadoras de descontento, pérdida de confianza, desilusión y malestar permanente de la población costarricense.
Un reportaje de LA REPUBLICA hoy, aborda uno de estos casos. Se le pidió a la gente dejar su automóvil en casa y adoptar el transporte público masivo para trasladarse, pero sin modificar las malas condiciones de este ni librar a la ciudad del flagelo de los delincuentes.
Ante el riesgo permanente de ser asaltado y hasta de perder la vida por este motivo, la población busca más bien la forma de adquirir un carro, si no lo tiene, para intentar por ese medio salvarse en alguna medida de las condiciones de inseguridad y del mal servicio. Es comprensible esta reacción. Es el instinto de conservación.
El mencionado reportaje resalta cómo otras ciudades de la región han logrado solucionar el problema del congestionamiento vial. Los principales ejemplos mencionados son los de Curitiba (Brasil) y Bogotá (Colombia).
Pero sus logros no fueron mediante llamados al sacrificio a sus poblaciones pidiéndoles exponerse más ante el hampa creciente e impune, sino limpiando las ciudades de asaltantes.
No lo hicieron esos gobernantes pidiéndole a su gente resignarse al deterioro de su calidad de vida en buses en mal estado, sucios, insuficientes y contaminantes, sino ampliando calles, destinando carriles solo para el transporte público colectivo y poniendo en circulación modernas, cómodas, limpias y suficientes unidades con excelente servicio.
Es decir, que hubo en Curitiba y en Bogotá un plan muy bien concebido y llevado a cabo, en coherencia total con la intención y la necesidad de que se produjera un cambio en la cultura y la gente decidiera dejar el auto en casa y viajar en autobús.
Mientras solo se dicten órdenes aisladas como la prohibición de placas circulando en el casco céntrico en determinados días, sin “ponerse en el zapato” de los afectados, solo se recibirá de los costarricenses mal humor, protestas, descontento y, finalmente, desesperación y consecuencias indeseadas.

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