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Falta mucho por hacer

La comisión legislativa que debe discutir el Proyecto de Seguridad Ciudadana se ha comprometido a darle un trámite rápido a este y lo que analiza es un texto sustitutivo que fue presentado.
Sin duda es un paso necesario lo que el nuevo proyecto pretende, ya que busca crear una sección especializada en el Ministerio Público para la protección de víctimas y testigos en procesos penales, elimina la figura de hurto menor como contravención, eleva la pena por el hurto agravado, y en lo que llaman situaciones de delitos de flagrancia estipula que el juicio no tarde más de 15 días, entre otras cosas.
No obstante, es necesario tener claro que lo que el país necesita son muchas más medidas que deben desprenderse de un plan nacional de seguridad para la población con dos rutas claras y paralelas: las medidas represivas por un lado y las preventivas por otro. Ambas necesarias.
Las medidas preventivas, desde luego, atañen a un modelo de sociedad que elimine las condiciones que propician el desvío hacia la delincuencia, como lo son la pobreza extrema, la falta de educación, los problemas desatendidos de salud mental y física, la falta de empleo y en general todo aquello que sume en la desesperanza a ese grupo de la población que se siente abandonado.
Por otro lado, entre las medidas de tipo represivo, también necesarias, es bastante lo que falta por hacer y son muchos los expertos en el tema que pueden dar su aporte.
Sin embargo, y a fin de dar solo un ejemplo, mencionaremos que debería poder tomarse en cuenta la proporcionalidad del acto delictivo. Es decir, que no es lo mismo enjuiciar a una persona porque robó un objeto, que hacerlo porque ya ha sido detenida en 60 ocasiones o más, como sabemos que ocurre, por la misma falta. Esa persona no debería ser enjuiciada únicamente por el daño que hizo en una oportunidad a un ciudadano, sino, cuando haya indicios suficientes, por la magnitud del daño que ha ocasionado a la sociedad como tal repitiendo 60 veces el mismo delito. Este es un tipo de delincuente que contribuye en gran medida a la percepción que inevitablemente tiene la sociedad costarricense.
Pero este ejemplo solo sirve para llamar a la reflexión sobre la delincuencia común del día a día en nuestras calles. Más allá de eso están el crimen organizado y los llamados delitos de cuello blanco, que forman parte del estado de grave inseguridad que vive el país.
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