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Hay una evidente suma de errores humanos e incumplimientos que deben ser corregidos para que el Seguro Social vuelva a funcionar adecuadamente y continúe siendo el insustituible pilar que es para el desarrollo del país

Fallaron los jerarcas

Las órdenes de cierre que el Ministerio de Salud ha emitido a lo largo de los últimos años a diferentes servicios de la red de hospitales de la seguridad social, y que culminan a la fecha con una declaratoria de emergencia en el Hospital San Juan de Dios, reflejan la incapacidad o incumplimiento de los altos mandos de la Caja en los últimos años.
Esos jerarcas debieron actuar a tiempo para que los centros hospitalarios del país no cayeran en las carencias que actualmente obligarán a actuar de emergencia, y del mismo modo que se llama a cuenta a ministros como el de Obras Públicas y Transportes, se debe hacer con los responsables de la Caja que fallaron en su gestión, permitiendo que la situación llegara a afectar el buen servicio.
Hoy, la falta y el deterioro de infraestructura, de equipos y personal, llevan a una mala atención de los asegurados. Una circunstancia que no se puede justificar de ningún modo puesto que solo la mala administración permitió que las cosas llegaran a este punto, habiendo podido evitarse a tiempo con las medidas correctivas que fueran necesarias.
Hay una evidente suma de errores humanos e incumplimientos que deben ser analizados con seriedad y corregidos para que el sistema vuelva a funcionar adecuadamente y continúe siendo el insustituible pilar que es para el desarrollo del país.
Los médicos y demás profesionales que laboran en los centros hospitalarios deben ser escuchados. Son ellos, en los aspectos técnicos, y otros especialistas o expertos en administración de hospitales los que deben formar parte de un consejo de notables que pongan sobre el tapete la cadena de fallas que entraba y hace disfuncional la atención de la salud para que se rectifique en lo necesario y se logre la eficiencia y eficacia en todas las áreas. Es el departamento a cargo de cobrar a los morosos el que debe cumplir a cabalidad su función y rendir cuentas de esa labor.
Esta es una tarea que debe emprenderse sin demora. Esta institución, que puede garantizar a la población de este país la atención en salud, condición para cualquier progreso que se pretenda, debe operar mediante una administración idónea, eficiente y transparente, capaz de llevarla adelante como lo que es: una entidad de enorme potencial para la prevención y tratamiento de las enfermedades, para que la población alcance el disfrute de la buena salud.

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