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“¡Arriba, haragán!”

Benjamín Franklin solía expresar frases como la del título de esta columna, que podemos adoptar como principios para constituir equipos sólidos y orientados a resultados. Repasemos cinco de ellas.
“La mentira se para sobre un pie, la verdad sobre los dos”. Un equipo fuerte es realista sobre sus capacidades y metas, y sus miembros hablan con bases ciertas, sin falsedades ni difamaciones para esconderse de la verdad. En él solo caben quienes hablan de frente, confrontando ideas y hechos concretos. Solo así se puede llegar lejos, caminando a paso seguro. Quienes se paran sobre un pie, terminan perdiendo el equilibro y desplomándose.
“Lo que se comienza con cólera termina con vergüenza”. Los objetivos de una organización deben estar por encima de las emociones destructivas particulares. Sin eso, las cóleras individuales afectarán el ambiente de trabajo y frenarán el paso, por galopante que este sea. Luego, el resultado será vergonzoso pues se debe, en parte, a conductas incompetentes internas, como las “serruchadas de piso”.
“La peor decisión es la indecisión.” ¿Somos o no somos? ¿Te creo o no? ¿Vas a mantener lo que dijiste o lo cambiarás? Los líderes creíbles son consecuentes con sus palabras y compromisos; así construyen equipos basados en la verdad y la confianza. Mandela pregunta: “¿Cómo haces para que los jugadores sean mejores que lo que ellos mismos creen que pueden serlo?” El líder debe inspirar seguridad con la firmeza de sus principios. Los que dudan se quedan en medio del río, sin decidir a qué orilla ir y terminan ahogados en sus propias contradicciones.
“No hay mejor predicador que la hormiga, que nunca dice nada”. ¡Constancia, perseverancia! En lugar de hablar lo que no se debe, ni malgastar energías en debates improductivos, los equipos ganadores enfrentan los obstáculos y jamás se rinden. No buscan excusas, si caen vuelven a la tarea, aunque tengan que repetirla mil veces para sobreponerse a la adversidad. Como las hormigas, trabajan duro, guardan alimento para los tiempos de lluvia y convierten su férrea adhesión al equipo en la clave del logro de metas.
Finalmente, Franklin nos recuerda que cuando estamos bien ocupados el tiempo no alcanza para los comportamientos destructivos, chismes, quejas ni divisiones internas. Por eso sentencia: “¡Arriba, haragán! ¡No desperdicies la vida! ¡Ya dormirás bastante en la sepultura!”.

German Retana
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