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Factor humano

German Retana
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Un sí, es sí, un no es no
“Los equipos necesitan estar integrados por personas cuyas palabras sean creíbles, que cuando dicen “sí” cumplen sus compromisos y cuando dicen “no” son categóricos, sin ambigüedades. Ellas discuten, cuestionan y no usan el “sí” a medias ni para disimular desacuerdos”. Así describe Carlos Escobar, gerente de una empresa panameña, el ideal del diálogo y comportamiento en un equipo, y agrega: “Debemos ser categóricos: ¡Si sí, sí y si no, no!”.
Efectivamente, si la calidad de desempeño de un equipo la determina en buena medida la calidad de su diálogo y confiabilidad mutua es frustrante trabajar en un ambiente en el que un “sí” significa “talvez” y un “talvez” significa “no”. Es difícil crecer cuando por conveniencia algunos dicen “sí” aunque en su mente tenga un “no” o lo contrario. Esto crea inseguridad e incertidumbre en la expresión de los verdaderos pensamientos y emociones, y así no se llega muy lejos.
La duda sobre la validez de la palabra de los colegas en un equipo es una de las enfermedades más graves que el mismo puede padecer. Si a ello agregamos el temor a cuestionar al líder por el riesgo a las represalias o conflictos, entonces estamos frente a un grupo que no es equipo, sino frente a un conglomerado de personas que se tratan con “guantes de seda”, con una falsa armonía que esconde conversaciones pendientes. Este trato tan frágil provoca desempeños inestables y mediocres con tal de no confrontarse unos con otros; es como si todos esperaran que algo mágico viniera a resolver lo que ya se sabe que no funciona, pero que es mejor callarlo.
Confiar en los compromisos de los compañeros y del propio líder crea una atmósfera estimulante y todos se atreven a plantearse metas altas porque reconocen el poder de ser uno, de estar unidos y de ser gente de palabra. Lo que se dice se cumple y la sincera discusión de las ideas es una responsabilidad que se adquiere al formar parte de un equipo de alto desempeño.
En la confianza no hay términos medios, se tiene o no se tiene. Esta certeza permite que a la hora de la verdad nadie dude de nadie, ni de nada y que la convicción en el éxito impregne la voluntad de todos para trabajar fuerte por el bien del equipo. Esto crea constancia en el desempeño y, especialmente, la sensación de que todos pueden contar con todos, porque el sueño y el camino son compartidos sin ninguna duda o titubeo.
Esto no significa que no haya desacuerdos; al contrario, estos son bienvenidos y el equipo posee la disciplina de procesarlos con altura; pero una vez tomada una decisión todos la apoyan como propia, con contundencia, reafirmando que cuando dicen no es no y cuando dicen sí, es sí.
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