Enviar
Jueves 13 Junio, 2013

El valor de la producción agropecuaria en el mundo toma nuevo rumbo por el cambio climático, crecimiento poblacional y grandes extensiones en actividades no dirigidas al consumo alimentario


Extensión agrícola y salarios profesionales

Del Foro sindical-empresarial promovido por La República surgió una opinión del Sr. Juan Ramón Rivera, presidente de la Cámara de Industrias, de importantes implicaciones. Según él, “un ingeniero especializado para el ICE no puede ganar igual que un ingeniero agrónomo de alguna oficina de extensión del MAG, esto porque hay un conocimiento diferente… y un valor de mercado muy distinto”. (4/06/2013)
El debate solo muestra la punta del hilo. En primera instancia podría plantearse si a igual formación corresponde igual salario y de si el valor de mercado de un oficio justifica las disparidades salariales. Sobre esto podríamos argüir en exceso sin llegar a ningún lugar, por la simple razón de que tal disparidad está dada por la prioridad política, socioeconómica y productiva que el país asigna a una actividad determinada.
Aquí es donde el debate debe retomarse y tomar altura. Sin que se convierta en lo principal, iniciemos por el lado romántico. ¿No fueron por décadas los extensionistas del MAG los “consultores” de bota de hule que le dieron un altísimo valor agregado a la tierra y a la labor del pequeño y mediano productor, en tiempos en que el régimen de pequeña propiedad representaba un puntal indiscutible de la producción nacional?
El salario del extensionista agrícola se ha devaluado, en el imaginario empresarial, por la pérdida de “valor de mercado” de la actividad donde se desempeña. Pero ese valor de mercado no ha bajado “de por sí”, ha sido establecido en las prioridades asignadas por el Estado a las actividades del agro.
Desde la década de los 80 la actividad agropecuaria vino a menos con programas que privilegiaron el concepto “ganancia”. También por la obnubilación que produjo en muchos la oleada neoliberal. Y sí, el “valor de mercado” de algunas tareas cayó arrastrando un modelo productivo que hoy urge recuperar.
No se trata de hacer un esfuerzo imaginativo para producir una tabla salarial o de revisar horas o niveles de formación del profesional. Si la preocupación de algunos radica en lo mucho que gasta el Estado en salarios, lo conveniente es no caer de nuevo en el error de cerrar-despedir-rebajar, sino en recuperar una actividad productiva vital y que socialmente es rentable. Ese día no nos preguntaremos si el salario del extensionista es justo o no.
Treinta años después de las reformas que pusieron fin a muchas tareas del Estado, incluidas las necesarias, se discute la importancia de revalorarlas y restablecerlas en un marco de eficiencia en el que no se mida su valor por la utilidad que genere en dinero constante y sonante.
En suma, ¿se discute sobre tablas salariales y fórmulas “rentables” de operación en las instituciones o sobre modelos socioeconómicos políticamente correctos y de efectivo largo alcance como país? Sin duda es sobre esto último que debe centrarse el debate.
El valor de la producción agropecuaria en el mundo entero toma un nuevo rumbo en virtud del cambio climático, el crecimiento de la población y la concentración de grandes extensiones de tierra en actividades que no están dirigidas a resolver el consumo alimentario.
Nos atrevemos a decir que en un futuro cercano el potencial productivo del agro, será para Costa Rica el petróleo, el turismo y la suma de las mejores fuentes de ingreso de hoy.

Eugenio A. Porras Vargas

Ingeniero agrónomo
Presidente Colegio de Ingenieros Agrónomos de Costa Rica