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Estallidos dejan saldo de un muerto y dos heridos
Explosiones detonan incertidumbre en México

Fuerzas de seguridad aztecas desconocen motivo o responsables de los incidentes

Ciudad de México
EFE

La explosión de un artefacto en el centro de la capital mexicana, que dejó el viernes un muerto y dos heridos, sembró la incertidumbre entre las fuerzas de seguridad que aún desconocen los motivos del estallido.
La capital mexicana ha sido blanco de atentados con explosivos en los últimos años, generalmente reivindicados por grupos guerrilleros, quienes han dejado pintadas en los lugares, aunque en esta ocasión no ha sido así.
También los ataques rebeldes han estado dirigidos en su mayoría contra sucursales bancarias, contra la sede del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y contra el Tribunal Electoral.
Analistas consultados apuntan a que esta explosión estaría vinculada con los capos del narcotráfico después de que en la capital mexicana la policía haya confiscado importantes cantidades de armas a sicarios presuntamente del cartel de Sinaloa.
El artefacto, “de fabricación casera” y que posiblemente contuviera pólvora, estalló sobre la concurrida avenida Chapultepec casi esquina con Monterrey, otra calle muy transitada, dijo a la prensa el secretario de Seguridad Pública de la capital mexicana, Joel Ortega.
Las primeras investigaciones apuntan a que el hombre que murió tuvo contacto con el artefacto.
La víctima, comentó Ortega, sufrió la amputación de una mano y el estallido de vísceras, por lo que pudo haber traído el artefacto o bien lo encontró en la calle y lo recogió.
También dedujo Ortega que la mujer, que después se supo que se llama Tania Vázquez, de 22 años, y que está hospitalizada en la Cruz Roja con quemaduras de segundo grado en el 50% de su cuerpo, acompañaba al hombre que después resultó muerto.
Cuando era trasladada al hospital la mujer “iba preguntando por la otra persona”, dijo Ortega.
El secretario de S
eguridad Pública aclaró que “nadie ha llamado para advertir del artefacto” y agregó sin dar más detalles que “hubo una llamada de emergencia aquí cerca”.
A unos metros del lugar de la explosión hay un restaurante y en una calle cercana está la sede de la Secretaría de Seguridad Pública.
Esta semana, la policía capitalina detuvo a siete personas que al parecer trabajaban para el cártel de Sinaloa y a las que se les decomisaron armas largas, granadas y una ametralladora antiaérea.
La incautación se hizo casi de forma fortuita, pues la policía hizo el alto al conductor de un automóvil que llevaba luces intermitentes intensas y al revisar el vehículo halló las armas.
En enero pasad
o, el gobierno del Distrito Federal se comprometió a luchar para que la capital mexicana no se convierta en un “refugio” de narcotraficantes, después del arresto de 11 supuestos miembros del cártel de Sinaloa en dos populares barrios de la metrópoli.
En septiembre pasado la policía detuvo en la capital mexicana a Sandra Ávila Beltrán, alias “La Reina del Pacífico” y considerada una de las líderes del cartel de Sinaloa.
El crimen organizado mantiene desde hace tres años una ola de violencia que ha dejado miles de muertos en todo el país, principalmente en los estados del norte, pero también en la capital mexicana donde han sido hallados varios cuerpos decapitados después de decomisos de droga en el aeropuerto de Ciudad de México.
El crimen organizado aumentó, además, su poder de fuego en México, amparado en el auge del tráfico de armas en la frontera con Estados Unidos y también en el sur del país, dijeron el viernes a EFE varios analistas.
Las armas halladas en las últimas semanas en poder de los narcotraficantes, que incluyen lanzacohetes, ametralladoras antiaéreas y cohetes antitanque, son de tal magnitud que algunos analistas consideran que la estructura de los carteles sólo puede ser doblegada por el Ejército.
El fenómeno del tráfico de armas no es nuevo, pero se ha agudizado en los últimos tiempos, explicó a EFE Erubiel Tirado, coordinador del diplomado de Seguridad Nacional de la Universidad Iberoamericana (UIA).
Recordó que ya, en los años 80, millones de armas usadas por la guerrilla centroamericana no fueron destruidas y alimentaron el mercado negro regional de armamento.
En la segunda mitad de la década de los 90, el problema aumentó y sigue latente en un mercado cada vez más diversificado y estrechamente ligado con el tráfico de drogas.


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