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Sábado 7 Diciembre, 2013

Estas consideraciones se vuelven útiles ahora, que en tiempos de campaña política, el verbo (y no el concepto) se transforma en lo más importante


Experimentos de laboratorio y realidades industriales


Con respecto a desarrollo e innovación tecnológicos, fluyen frecuentemente reportes que no siempre se sustentan con datos relevantes a la cuestión. Este es el caso de menciones a supuestos éxitos de desarrollos tecnológicos que se anuncian de manera tan temprana, que el investigador ni siquiera ha determinado la factibilidad para dar el salto del nivel de un tubo de ensayo, a la realidad productiva.
Es imposible que todos los miembros de la sociedad sean expertos en asuntos de ciencia o tecnología, pero sí es deseable una cierta dosis de malicia, para dar crédito a anuncios asombrosos. Una regla empírica que no falla es que cuanto más ruido, menor veracidad.


La sociedad moderna ha abandonado el ejercicio del análisis de los sucesos y discursos, y prefiere que un tercero lo explique todo.
Una vez que se han establecido los fundamentos científicos de una investigación aplicada, sigue una etapa en que se delimitan consideraciones de disponibilidad de materias primas y energía, y se analiza el posible proceso no con la mirada del laboratorio, sino con la visión de la complejidad de los sistemas grandes, todo regulado por la factibilidad ambiental, económica, política y social que se derive de la optimización de metodologías y costos.
Como los sistemas grandes son más complejos que experimentos de laboratorio, debe pasarse por los ejercicios de diseño o consecución de equipo, su funcionamiento y control y por supuesto los aspectos de administración del proceso.
Se dice en espacios académicos, que las investigaciones deberían ser coronadas con el otorgamiento de una patente. Una patente de invención no es necesariamente la corona que brilla por el éxito de una investigación aplicada.
Un ejemplo es suficiente. He participado en un grupo de investigación europeo y latinoamericano, que buscamos una nueva forma para obtener etanol a partir de residuos agroindustriales.
Se desarrolló una metodología que permite obtener este biocombustible de manera menos complicada que lo ya realizado en diferentes países del mundo.
Se estudió conjuntamente a lo físico, químico y biotecnológico, aspectos de balance de impacto ambiental del eventual proceso, localización regional de esas materias primas y un inventario de residuos agroindustriales prometedores, tanto en Europa como en Latinoamérica.
El proceso de patentamiento es lento y tedioso, pero parece que ya vemos la luz al final del túnel burocrático para la obtención de la patente. Esta será otorgada por la metodología desarrollada en planta piloto, en magnitudes de media tonelada de materia prima lignocelulósica. ¿Solo media tonelada? Sí, el proceso no ha alcanzado el grado de escalamiento necesario para ser una realidad industrial-comercial.
Una gran diferencia que existe entre el desarrollo tecnológico y los estudios de los fenómenos científicos básicos es que en el primer ámbito, es más significativo el logro de viabilidad.
Estas consideraciones se vuelven útiles ahora, que en tiempos de campaña política, el verbo (y no el concepto) se transforma en lo más importante.


Julio F. Mata Segreda

Catedrático Humboldt 2006, UCR