Enviar
Jueves 16 Mayo, 2013

Los puestos “top del ranking” institucional y corporativo siguen tipificándose consciente o inconscientemente como puestos para hombres


Éxito y género

Desde la elección del primer presidente de la Corte Suprema de Justicia de Costa Rica pasaron 61 presidentes y casi 19 décadas para que una mujer fuera elegida para ese cargo.
Dejemos de suponer que las mujeres no hemos desarrollado las habilidades necesarias para ser líderes efectivas. Dejemos de suponer que las mujeres no queremos asumir roles de liderazgo. Somos tan buenas como los hombres y queremos que nos valoremos mutuamente como tales.


En mi artículo del jueves anterior les planteaba la necesidad de romper estereotipos. Producto de temas de género en los que aún avanzamos a paso lento, existen paradojas evadidas en el tema del liderazgo. Los puestos “top del ranking” institucional y corporativo siguen siendo tipificados consciente o inconscientemente como puestos para hombres.
Un artículo publicado en 2001 por el CGO (Center for Gender in Organizations), concebía que “el insuficiente número de mujeres en roles de liderazgo se debía a nuestra falta de experiencia y de habilidades necesarias para ser líderes efectivas”. A raíz de investigaciones que se derivaron de dicha conclusión, se advierten algunas paradojas del éxito en las mujeres:
1.“Mientras que las mujeres están teniendo éxito en la aplicación de una amplia gama de habilidades para el liderazgo en el trabajo y están logrando resultados positivos: están teniendo mucho menos éxito en ser promovidas a puestos de liderazgo”.
2. “Cuando competentemente las mujeres demuestran comportamientos de liderazgo que tradicionalmente se han asociado con alcance efectivo de resultados, relacionados con estilos de liderazgo y normas masculinas, ellas son percibidas —contrario a ellos— como menos efectivas”.
3. “En las bases de las habilidades del liderazgo, los hombres pueden aprender y sacar provecho/beneficiarse de las mujeres”, incluyendo áreas que inciden directamente en los resultados finales de la organización como en la promoción de una alta productividad y calidad del trabajo, organizando y sacando proyectos adelante, dando “feedback”, en la generación de nuevas ideas, perseverando a pesar de los problemas.
Los estudios concluían que para los altos puestos “mujeres y hombres compartimos las mismas fortalezas y debilidades”. Además, que “las mujeres terminan siendo más efectivas… contrario a débiles”, que es como generalmente se nos caracteriza.
Necesitamos reconocer que muchas veces son conflictos, percepciones, normas y estereotipos de género existentes implícitamente en las organizaciones, las que provocan que con las mismas competencias explícitas, en términos de habilidades y condiciones académicas y profesionales, generalmente las mujeres tengan que evidenciar lo que “son, hacen y tienen” más minuciosamente que los hombres, porque hasta hoy se les sigue midiendo más rigurosamente que a ellos y se les sigue exigiendo asumir más riesgos y esfuerzo que ellos para alcanzar el éxito profesional.
Todos tenemos que trabajar objetiva, deliberada y constructivamente para desafiar e interrumpir estos estereotipos de género y contribuir a que las mujeres tengan más oportunidades para alcanzar posiciones de liderazgo, pero también para fortalecer la efectividad de nuestras organizaciones.
La elección de la señora magistrada Zarella Villanueva como presidente de la Corte Suprema de Justicia de Costa Rica, marca un nuevo punto de inflexión en la historia de género de nuestro país.

Alejandra Esquivel Guzmán
Gerente general, Corporación Álvarez y Marín
[email protected]