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Aceptar simplemente la autonomía cruceña implicaría un fuerte golpe económico a las arcas estatales bolivianas
Evo Morales y la autonomía cruceña



Los movimientos de autonomía en el Departamento de Santa Cruz, Bolivia, al parecer lograron una apabullante victoria en el referendo efectuado el domingo anterior; sin embargo, es un resultado que viene a ejercer una fuerte presión sobre el gobierno central en La Paz.
La administración de Evo Morales decidió deslegitimar la consulta popular, la calificó de ilegal y de improcedente.
Sin embargo, el gobierno no puede obviar lo verdaderamente importante: que por lo menos ocho de cada diez cruceños prefieren la autonomía.
Esta decisión ha venido a crispar aún más las tensiones políticas en el país suramericano, al punto que naciones como Argentina, Brasil y Colombia han coincidido en efectuar llamados a la calma y al diálogo entre los bolivianos.
La situación no puede ser más complicada para Morales. Aceptar simplemente la autonomía cruceña implicaría un fuerte golpe económico a las arcas estatales.
Con sus 370 mil kilómetros cuadrados y más de 2 millones de habitantes (30% de ellos indígena), Santa Cruz genera alrededor del 30% del Producto Interno Bruto boliviano; casi la mitad de la inversión extranjera directa va hacia su territorio, especialmente a su capital Santa Cruz de la Sierra, y mantiene una participación agropecuaria y comercial elevada, superior a un tercio del país.
Además, debido a su riqueza y a su rápido despegue en las últimas décadas, la zona se ha convertido en imán para los propios bolivianos. Se dice que es el principal receptor de migrantes de regiones como La Paz y Cochabamba, quienes han encontrado en territorio cruceño las oportunidades económicas y sociales que no hallaron en sus tierras de origen.
No aceptar la voluntad popular ya ha comenzado a generarle problemas de violencia al gobernante izquierdista, aspecto que podría complicarse si no se llega a un rápido acuerdo.
Ante ello, el llamado urgente al diálogo parece ser la medida más adecuada en este momento. Evo Morales y los dirigentes autonomistas deben sentarse lo antes posible a negociar. A pesar de las diferencias que puedan existir actualmente, lo cierto es que también han construido una historia en conjunto que los ata a la responsabilidad de tomar las mejores decisiones para todo un pueblo.
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