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Viernes 2 Mayo, 2014

La evasión fiscal irá desapareciendo en la medida que el Estado devuelva al pueblo contribuyente sus impuestos en servicios aceptables


Evasión fiscal

A diario se lee en los periódicos sobre el problema de la “Evasión Fiscal” que perjudica notablemente las finanzas del Estado. Es curioso que en los países más desarrollados la evasión fiscal sea mínima, mientras que en los países tercermundistas como Costa Rica es un problema de primer orden.
Los gobiernos de los países desarrollados devuelven al ciudadano contribuyente los impuestos pagados en servicios de primera categoría.
La educación pública es igual o mejor que la privada, la seguridad y el cuerpo policial son excelentes, al igual que la infraestructura vial y los servicios de salud, entre otros.
El ciudadano contribuyente paga puntualmente sus impuestos al recibir a cambio servicios satisfactorios de su gobierno.
Una cosa muy diferente ocurre en países subdesarrollados como Costa Rica, donde un porcentaje altísimo de los ingresos recaudados por impuestos se gastan en abultadas e innecesarias planillas estatales, sueldos públicos plagados de pluses y gollerías, pensiones descomunales a funcionarios públicos, todo producto de convenciones colectivas o gremiales irresponsablemente negociadas por los gobernantes de turno y comprometiendo las finanzas del Estado.
Este clientelismo político irresponsable consume los dineros del pueblo, dejando sin recursos al gobierno para devolverle al ciudadano contribuyente los servicios más elementales de un país.
En nuestro país, si el ciudadano quiere una educación decente para sus hijos, debe recurrir a instituciones privadas de alto costo. Debe pagar seguridad privada en su residencia y lugar de trabajo debido a que el Estado no ofrece esas garantías de seguridad. A tal punto se ha llegado que hay más efectivos de seguridad privados que públicos en Costa Rica.
Para cubrir las necesidades de salud, es necesario tener pólizas hospitalarias y pagar medicina privada, ya que las citas en la CCSS toman meses y hasta años, y muchas veces se dan “pos mortis”.
De la infraestructura vial no hay que describir mucho. Se pagan en Costa Rica impuestos exageradamente altos para comprar un vehículo, los derechos de circulación son increíblemente abultados y pagamos los precios de los combustibles más altos de la región.
Todo para pasar el día en presas, ya que desde hace décadas no se invierte adecuadamente en nuevas carreteras ni existe un proyecto vial planificado. La inversión se reduce a reparaciones de las deterioradas calles del país.
Y así se podría continuar enumerando todos los servicios que el Estado costarricense no brinda al pueblo contribuyente.
Entonces, ¿qué recibe el ciudadano contribuyente a cambio por los impuestos que paga?
Si el ciudadano debe pagar por aparte TODOS los servicios que el Estado le debe brindar, ¿cuál es la motivación de pagar impuestos solamente para alimentar a un grupo de empleados públicos vagabundos e ineptos que consiguieron sus gollerías a punta de convenciones y viven a costa del trabajo honesto del ciudadano contribuyente?
Ahí está el problema. La evasión fiscal no es una causa sino un efecto, una respuesta ciudadana ante el uso equivocado de los recursos públicos. Resulta desmotivador pagar por servicios que no se reciben.
La evasión fiscal irá desapareciendo en la medida que el Estado devuelva al pueblo contribuyente sus impuestos en servicios aceptables.
Así lo hacen los países desarrollados. Sigamos el ejemplo.

Mauricio Soto Samsó