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Ante la incertidumbre sin reforma fiscal…

No sabemos con certeza si la reforma fiscal va a pasar o no. Y el Gobierno ha sido claro en que todas las apuestas están a ese proyecto y no a otro. Esto, desde el sector privado, debe ser visto entonces como un 2012 sin reforma, al menos en los tres primeros trimestres del año.
Si no hay reforma pero hay urgencia fiscal es probable que entonces el gobierno disminuya su participación en la economía (menos compra de bienes y servicios y menos empleo público), y que salga a buscar dinero para financiar sus operaciones (el dinero con que nos financiamos en el sector privado, será más caro). Finalmente es de esperarse que se presione más por mejorar la recaudación (mayores actuaciones fiscalizadoras y controles como los que vimos en 2011). Un panorama que no es desconocido para las empresas pero que resulta más difícil en momentos en que nuestros compradores (EE.UU. y Europa) se encuentran sumidos en sus propios problemas económicos y que tenderán a adquirir menos bienes y servicios de nosotros.
Parece entonces que hay que redoblar esfuerzos para ordenar la casa y ser más eficientes en la manera en que trabajamos. Hoy más que nunca es momento de revisar nuestras estrategias de compensación y beneficios, el registro de inventarios, la amortización de inversiones, la compra de activos versus otras figuras de renovación de nuestros equipos, la depreciación acelerada y las políticas de crédito, entre otras cosas. Ante la incertidumbre de elementos que no podemos controlar, la certidumbre de nuestras acciones responsables y certeras.


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