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Martes 6 Abril, 2010

Etica para una descentralización sostenible

El gobierno que va de salida tuvo en su agenda como prioridad a nivel local, el tema de la descentralización y la necesidad de trasladar más independencia en el manejo de recursos presupuestarios a las Municipalidades. Esto es un gran aporte a la democratización del Estado costarricense. Sin embargo, hay que tener claro que el proceso de desburocratización y descentralización municipal debe tener una ética perfilada, no solo garantizar el desentrabamiento de la gestión pública y la amplitud de servicios sociales hacia los grupos menos favorecidos, sino que primero se debe garantizar e impulsar la sostenibilidad y la equidad entre hombres y mujeres, en los puestos formales y sus niveles de dirección para llevar a cabo la descentralización sostenible.
Jugada de doble filo. Sin un previo análisis de la composición de la estructura organizacional y de los cánones que deben regir la descentralización, no es nada ético que “el fin justifique el medio” en este caso, pues esta manera de hacerlo y en ausencia de la equidad de género, el fin mismo de aumentar la toma de decisiones y oportunidades en los niveles inferiores, se llega a perder al no tener paridades internas en una organización.
Por lo tanto, el gobierno liderado por Laura Chinchilla tiene que asumir el reto de descentralizar sosteniblemente, en el que se reconozca a través de un diagnóstico las asimetrías de poder entre hombres y mujeres a lo interno de sus filas institucionales y municipales, de tal modo que se establezcan mecanismos y acciones afirmativas que resguarden el equilibrio sostenible en la repartición de la toma de decisiones y puestos en la descentralización a nivel estatal y municipal.
Arregla primero la casa. Un ejemplo en donde es necesaria la equidad, es en la Municipalidad de Heredia, ya que según el proceso de Transversalización de la equidad de género en la planificación, llevado a cabo desde la Oficina de la Mujer (OFIM) y por mi persona en noviembre del año pasado, se logró observar que pese a los esfuerzos municipales, existen algunas disparidades en su estructura. Es decir, de aproximadamente 296 personas en la Municipalidad, según datos suministrados por esta entidad, 228 son trabajadores y 68 trabajadoras. Así mismo, en las direcciones oficiales y suplencias hay 18 hombres y 13 mujeres.
Por ello, frente a esta pincelada de datos, que evidenciaron brechas de género, recomiendo primero ordenar la casa para considerar la descentralización que están llevando a cabo, pues puede haber efectos inversos a esta al no tener una ética que perfile la equidad entre los géneros. Creo que es necesario un plan institucional en transversalización de equidad de género, que certifique la igualdad y la equidad que, dicho sea de paso, son principios dignos de admiración en la transparencia para la gestión pública.

Alejandro Machado G.
Estudiante de cuarto nivel de gestión de desarrollo sostenible y equidad de género