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Hacer “a pie” los cruces de información entre diferentes instituciones, para un mejor control sobre los evasores de impuestos, no es lo ideal pero deberá hacerse. Pero también deben digitalizarse las operaciones de todas las entidades del Gobierno central y las descentralizadas


Estrategia para cobrar y servir mejor

No se sale del subdesarrollo con débiles o ausentes políticas contra la evasión fiscal. En los países desarrollados la gente paga, en general, sus impuestos aunque haya también evasores que a veces son incluso exhibidos públicamente.
Pero cuesta más reducir la evasión fiscal si los contribuyentes ven desaparecer el dinero público como si se escurriera por un desagüe sin producir el buen servicio público que mejore todas las condiciones de un país.
Un círculo vicioso que es necesario romper.
La tarea no será nada fácil, por cierto. Llevamos mucho tiempo sin que la voluntad política se haya empleado en cambiar este estado de cosas.
A la permisividad se ha sumado el hecho de mantener rezagado al sector público, lo cual significa no contar ahora con todos los recursos tecnológicos que se necesitan para iniciar un mejor cobro de impuestos y tributos y unos mejores y más ágiles servicios también.
Ese mal manejo del sector público que lo volvió ineficiente e ineficaz, esa falta de transparencia que se produjo, es el origen del mal que hoy enfrentamos.
Ahora el nuevo Gobierno anuncia una voluntad política para cambiar esas situaciones, pero resultará, sin duda, difícil.
Hacer “a pie” los cruces de información —que siempre debieron existir— entre diferentes instituciones, para un mejor control sobre los evasores de impuestos, no es lo ideal pero deberá hacerse.
Sin embargo, deberá apresurarse al máximo posible también la digitalización de todas las operaciones de las entidades del Gobierno central y las descentralizadas porque de ello dependerá el buen funcionamiento no solo del control sobre el pago de impuesto sino de muchas otras cosas.
Si las planillas del MEP, se hubieran digitalizado hace años, incorporando un programa que permitiera incluir o retirar de esas planillas cada mes a los funcionarios entrantes o salientes, no habría en este momento el problema que generó la huelga de los educadores.
Pero este es apenas un ejemplo de la forma en que se ha venido dirigiendo y administrando en el sector público, lo cual ha creado un sinnúmero de rezagos y problemas, trabas y tramitomanías que desmotivaron al sector productivo de pagar puntualmente sus impuestos y otras cargas sociales.
Una situación, esta, que debe comenzar a revertirse, aunque sea difícil. No contaremos, mientras no lo hagamos, con unas mejores condiciones para producir y una mejor calidad de vida.


 

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