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Sábado 17 Abril, 2010

Este gobierno gastó con consciencia e inteligencia

El jueves pasado pusimos la primera piedra de una nueva torre para los niños y niñas de Costa Rica, una torre mágica digna de los cuentos de hadas. En ella, se secarán las lágrimas, se curarán las heridas y se aliviará el dolor. En ella, manos prodigiosas sabrán dibujar, con medicina y con amor, una sonrisa sobre el rostro de niños enfermos. Será una Torre de la Esperanza para miles de pequeños pacientes de Costa Rica.
Esta Torre de la Esperanza será una garantía de que hay un Estado preparado para preservar la vida y la integridad física de la población infantil, con el mejor equipo y el mejor personal de América Latina.
La atención infantil es parte del ideario costarricense, y no pertenece a ningún partido político ni a ninguna administración particular. Pueden decir muchas cosas de esta Administración. Pero nadie puede afirmar que abandonamos a las personas más vulnerables de nuestra sociedad, porque fueron los pobres, los adultos mayores, los niños, los jóvenes, los enfermos, las personas con discapacidad, quienes recibieron más recursos estatales a lo largo de los últimos cuatro años. Este Gobierno no es un Gobierno social porque lo diga yo o porque lo digan mis Ministros. Es un Gobierno social porque lo dice el Presupuesto Nacional.
Heredaremos a la próxima Administración una Costa Rica con mejor calidad de vida, una Costa Rica más próspera, una Costa Rica con menos pobreza que la que existía en mayo de 2006. Heredaremos, también, un déficit fiscal que, a pesar del impacto de la crisis económica internacional, sigue siendo saludable y sigue estando muy por debajo del de países desarrollados. En esto quiero ser enfático: el gasto que hicimos durante la crisis, el gasto social, es el mejor legado que recibirán los gobiernos por venir. Porque ¿de qué le sirve a un país guardar millones de dólares en el banco, si sus niños pasan hambre y no pueden desarrollar plenamente su potencial? ¿De qué le sirve a un país esconder dinero bajo el colchón, si sus hijos abandonan por necesidad las aulas, condenándose a un futuro de trabajos inestables y mal remunerados? ¿De qué le sirve a un país restringir su inversión social, cuando eso significa restringir su inversión en competitividad? No tengamos la menor duda: este Gobierno gastó con consciencia y con inteligencia. El gasto de estos cuatro años fue una inversión para los próximos cincuenta años de Costa Rica.
Quiero agradecer a los que han formado parte del impulso en la construcción de este edificio. Desde el personal médico y administrativo, hasta quien donó cien colones. Quiero agradecer a Eduardo Doryan, cuya labor al frente de la Caja ha cambiado la vida de cientos de miles de personas y a María Luisa Avila, hija orgullosa de esta institución y un estandarte de bondad, de justicia y de trabajo a lo largo de los últimos cuatro años. Y sobre todo, agradezco la labor del Dr. Rodolfo Hernández. Este hospital, nacido de la más preclara conciencia social, ha sido liderado por una sucesión de doctores excepcionales. El Dr. Hernández es el último eslabón de esa cadena. En verdad le digo, querido doctor, que cada niño que ha sido sanado en este hospital, cada madre que duerme tranquila porque sabe que su hijo está en buenas manos, son obras que se suman en el cielo, y no sólo en la tierra.

Oscar Arias Sánchez
Presidente de la República