Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 23 Septiembre, 2016

El país debe estar alerta ante estas corrientes marxistas alentadas desde muchos rincones del país entre ellas universidades, sus medios, redes sociales y desde la Asamblea Legislativa

Sinceramente

¡Estamos hartos!

“También estamos hartos de la economía de mercado. De los tratados de libre comercio, cansados de la corrupción y de la mentira”. Esta frase leída en las redes, es sintomática del pensamiento de muchas personas escudadas en la foto de un animal o de una flor y con un nombre que despierta credibilidad y confianza, pero que son funcionarios a sueldo de alguno de los partidos marxistas que atacan la democracia, la economía social de mercado y el sistema político costarricense en general, casi todos los días. Con ese pensamiento coincidimos en que la corrupción y la mentira son inaceptables.
La competencia favorece de manera intensa al usuario o al consumidor. Pedir el establecimiento de empresas sin competencia es poner una carga enorme sobre las espaldas de quienes no tendrán entonces alternativa más que comprar al precio y a la calidad que le suministren. Es someter al usuario a la tiranía de no poder escoger.


“Estamos cansados de esforzarnos. No queremos que nos comparen con otros países. Queremos proteccionismo agrícola y seguridad alimentaria”. Esta expresión de hace unos meses a raíz de la discusión sobre el arroz y el aguacate, sus precios más altos en Costa Rica y la productividad más baja en las pequeñas fincas productoras hace pensar que los interesados no están percibiendo el interés de los consumidores y solo miran el suyo propio. Hay un puñado de productores pero 5 millones de consumidores. La economía debe estar orientada hacia el mercado.
“Costa Rica necesita que la empresa sea estatal. El Estado es mejor patrono. Necesitamos más empresas estatales sindicalizadas”. Pareciera que la preferencia es por trabajos estables, sin mayores exigencias y para permanecer en ellos toda la vida.
Es comprensible la preferencia hacia la empresa pública que tiene ventajas hasta del 50% sobre la empresa privada en sueldos y salarios. Esta preferencia es generada por decisiones de quienes pusieron a ganar a los empleados públicos por encima de los que generan la riqueza del país y pagan los impuestos para pagar a esos empleados públicos. ¿Sin empresa privada quién mantendrá al Estado?
“Las empresas privadas no pagan los impuestos y por ellas hay un déficit fiscal. Los defraudadores son responsables del déficit fiscal”. Es curioso observar que las personas no miran que el presupuesto nacional está financiado por impuestos y que el faltante es el 6% de la producción nacional que es generada por la empresa privada. Observan solo el lado de los ingresos ya que nadie protesta por el exceso de gasto, el desperdicio, ni por las duplicaciones, pensiones millonarias o transferencias exorbitantes. Ninguno protesta por el exceso de empleados que no cumplen finalidad alguna.
La empresa acusada de defraudadora es atacada para compensar el argumento y tener una contraparte de los hallazgos de privilegios, granjerías y ventajas impropias de los empleados públicos entre ellos en las pensiones de regímenes especiales.
“Todos los dueños de grandes negocios son unos sinvergüenzas. No hay empresa grande que no se haya fundado sobre un gran delito”. Esta presunción está siendo alimentada de manera sistemática por los partidos marxistas que harán de esa expresión su columna vertebral de la campaña política de 2018. Esta acusación de que la corrupción, la defraudación y los delitos son el origen de las grandes empresas de Costa Rica será el tema central de su propaganda. De esa manera ligan ese imaginario con el anterior: “todos corruptos, siempre los mismos”. Generan una relación de causalidad entre los dos. Es culpa de la clase política y del sistema. Hay que eliminarlos a ambos.
La cereza sobre el pastel lo constituye la afirmación de orígenes delictivos en todas las grandes empresas. O sea que para ser empresario exitoso hay que ser un delincuente. Esta expresión refleja una seria intencionalidad.
Es claro que se desea dar una zancadilla al sistema económico nacional para que la crisis lo termine por debilitar si no es que lo derriba. El trabajo desarrollado por años para crear un imaginario social que acabe con la empresa, la economía de mercado y la competencia, es fríamente calculado. Esto forma parte de una estrategia marxista clara.
El país debe estar alerta ante estas corrientes marxistas alentadas desde muchos rincones del país entre ellas universidades, sus medios, redes sociales y desde la Asamblea Legislativa. Tiene el país que conocerlos y darles un portazo en las elecciones de 2018.

Emilio R. Bruce
Profesor
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