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¡Estamos unidos!

Los mejores jugadores no necesariamente conforman el mejor equipo. Por más capacidad técnica y por buenos que sean los resultados individuales, sin una fuerte unión no podrán asegurar el gran objetivo colectivo. ¿Qué es entonces la cohesión y de qué depende su nivel?
El experto A. Carron define cohesión como: “Un proceso dinámico reflejado en la tendencia del grupo a no separarse y a permanecer unido en la búsqueda de sus metas”. No obstante, esta no es constante ni está exenta de influencias internas y externas que la mueven en direcciones positivas o negativas. ¿Conoce usted un equipo con un grado de cohesión total e ideal y que nunca varía?
Entre las influencias positivas están la sana combinación de intereses, la amistad, el tiempo de convivencia no formal, la claridad y aceptación de roles, la convicción en la capacidad de lograr los objetivos, la fluidez en la comunicación y en la resolución de conflictos, el cumplimiento de valores y normas, y el desempeño de líderes que catalizan la “química” y el compañerismo.
En cambio, las influencias negativas pueden ser el surgimiento y no solución de diferencias personales, la presencia de subgrupos con poca interacción, la excesiva competencia entre los miembros, la percepción de inequidad en oportunidades, el aislamiento de algunos por voluntad propia o de otros, el dominio de prioridades individuales sobre las del equipo, la ausencia de autocrítica y rendición de cuentas, y, por supuesto, los resultados inestables.
El ingreso y la salida de miembros también influye la cohesión, por eso los directores de los equipos invierten tiempo en lograr que este factor no afecte la unión y el compromiso con las metas. La rápida aceptación de nuevos compañeros y el alineamiento de éstos a la cultura existente fortalecen la disciplina y la concentración para mejorar desempeños.
La cohesión también es determinada por los tipos de jugadores; García Mas identifica tres: el “cooperador” (dispuesto, sincero y proactivo), el “seguidor” (hace lo que diga la mayoría, no obstruye, es impredecible), y el “no cooperador” (individualista, descontento y quejumbroso). Lo recomendable es que el tercer tipo no constituya más del 20%, pues de lo contrario el nivel de cohesión será bajo y frágil.
Por último, como lo señala el psicólogo D. Boillos, todo jugador tiene cuatro necesidades y de su satisfacción depende que se una a sus compañeros y despliegue al máximo su talento: necesidad de contribuir a un proyecto común, de sentirse competente, de tener éxito y de obtener reconocimiento.
Cuando todos estos factores determinantes de la cohesión son abrumadoramente favorables, los miembros del equipo declaran con orgullo: ¡Estamos unidos!

German Retana
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