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Es difícil comprender que recientemente, por un acuerdo entre el Tec y el Conavi, se volviera a inspeccionar y de manera visual, lo que los japoneses ya habían estudiado y diagnosticado en 2007


Estado de los puentes, conocido hace años

“La mayoría de los puentes del país requiere acciones inmediatas para evitar peligros por no haber recibido mantenimiento y porque están al final del promedio de su vida útil”, decía un editorial de LA REPÚBLICA en setiembre de 2007.
La situación la destacaba un estudio de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) por encargo del propio Ministerio de Obras Públicas y Transportes.
En agosto de 2008 repetíamos que nuestros puentes “han ido sufriendo no solo las inclemencias del tiempo y los sismos, sino también un importante aumento en la cantidad de vehículos pesados que los transitan” debido al cierre de los ferrocarriles.
Cuando los puentes fueron construidos no se sabía que posteriormente deberían cruzarlos grandes vehículos de carga pesada porque en aquella época aún contaba el país con un sistema ferroviario que después, de modo incomprensible, en vez de ser modernizado fue eliminado.
En setiembre de 2009 en este mismo espacio volvíamos sobre la gravedad del tema. El estado de los puentes se conocía desde el estudio realizado por Japón.
Hoy, de modo difícil de comprender, nos enteramos de que un equipo del Instituto Tecnológico de Costa Rica, por un acuerdo con el Conavi, vuelve a hacer un primer diagnóstico a partir de una pequeña cantidad de puentes, los encuentra en pésimo estado y advierte que lo llevado a cabo es un reconocimiento visual.
Es decir, que antes de intervenir se debería hacer una inspección más rigurosa.
¿Cómo podemos comprender que recientemente, por un acuerdo entre el Tec y el Conavi se volviera a inspeccionar y de manera visual, lo que los japoneses ya habían estudiado y diagnosticado en 2007?
¿No fue suficiente la alarma disparada cuando el colapso del puente sobre el río Grande de Tárcoles costó la vida de cinco personas?
Este es un grave problema, junto a otros, heredado por la presente administración y que tendrá que ver cómo enfrenta porque no hay tiempo para perder.
Pero aparentemente lo que se necesita es comenzar a intervenir los puentes o construir nuevos donde haga falta porque los estudios y diagnósticos están hechos desde hace muchos años.
Desde entonces sabemos que se ha acabado la vida útil de estos pasos en muchas de nuestras carreteras y que el mantenimiento que se les debió dar durante esa vida no lo recibieron.
Llevamos años haciendo estudios, en general, que luego se archivan.
Esto debe cambiar. Nuestros ingenieros, que migran a otros países contratados para realizar obras, deberían trabajar aquí en cosas como, por ejemplo, nuestros puentes.
 

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