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Viernes 11 Septiembre, 2009


Poniendo de lado los temas proselitistas y partidistas, la Iglesia puede y debe abordar desde sus medios de comunicación y desde el púlpito, todo tema que de alguna manera favorezca al bien común

Estado confesional, clero y más

Una reciente publicación en la sección de Opinión de La República muestra una columna de Carlos Denton volviendo sobre el famoso tema del estado confesional.
Aparte de impreciso y contradictorio, es un artículo que adolece de más de una grave inexactitud que vale la pena que miremos aquí rápidamente en honor a la verdad.
El Sr. Denton confunde algunas realidades. El mismo dice que, en cuanto ciudadanos, todo clérigo (no se usa la expresión “los cleros”) tiene derecho a decir lo que se le antoje.
Sin embargo, parece ser que el autor de la columna advierte que, en efecto, puede hablar de todo pero en la medida en que sean temas “piadosos”. Si se trata de asuntos de interés nacional debe callarse y convertirse de inmediato en un ciudadano reprimido por su condición clerical.
Yo no sé si don Carlos sabe de la existencia de la doctrina social de la Iglesia. Tampoco sé si sabe que ella se ubica dentro de la llamada teología moral social y que, por tanto, es una disciplina teológica y, obviamente, con una temática que está dentro de los tópicos propios del mensaje evangelizador que porta la Iglesia en beneficio de la sociedad de hoy.
Una lista bastante amplia de esos temas son los que aborda Benedicto XVI en Caritas in veritate, un texto
que, estoy seguro, le ayudaría mucho al Sr. Denton a descubrir que, poniendo de lado los temas proselitistas y partidistas, la Iglesia puede y debe abordar desde sus medios de comunicación y desde el púlpito cuando sea necesario, todo tema que de alguna manera favorezca al bien común, permita la denuncia de cuanto afecte a la ciudadanía, o bien, promueva la defensa de los derechos humanos. Es parte de su misión.
Luego de una pésima exégesis de Mc 12, 17 y de una aún peor hermenéutica del mismo texto, concluye Denton la necesaria reclusión del clero a las sacristías y, por supuesto, hasta la amonestación (¿cárcel?, ¿tortura?, ¿cuál otra?) gubernamental por hablar de algún “tema político”. ¡Qué ocurrencia!
Bien, don Carlos, creo que sus sugerencias no proceden. Por otro lado, la variación del artículo 75 es conversable, como se ha sugerido, pero eso sí, no en la línea del grupo que la propone.
Y, por otro lado, este es un asunto mucho más complejo que solo pensar en que los párrocos sean o dejen de ser funcionarios auxiliares del Registro Civil.

Wagner Rivera Rodríguez