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Martes 31 Enero, 2012

Esta finca es de todos los ticos

El año que termina deja sinsabores y temas para reflexionar. Por ejemplo la huelga de la Caja, uno de los problemas más prominentes que se han venido dando en el país.
Obviamente la mala administración, la politiquería y hasta la corrupción en muchos casos, fueron los detonantes. De los médicos, se esperaba una actitud más compasiva, pues fue ahí donde muchos de ellos se formaron y dieron sus primeros pasos en práctica de la medicina.
Los grandes perdedores, los enfermos que esperaron con paciencia franciscana los 14 días que duró la huelga, y nosotros, los dueños, que hemos cotizado por muchos años para mantener viva esa institución, quienes tuvimos la cordura y madurez de ver los toros desde la barrera de un conflicto que bien liderado y con menos intransigencia de ambas partes se habría terminado en menos de una semana sin dejar las pérdidas millonarias que provocó.
Desafortunadamente hay gremios que se manifiestan en forma desafiante dizque para conseguir mejoras para los trabajadores (los cuales se han convertido en el dolor de cabeza del Estado), sin pensar que la entidad para quien trabajan se encuentra agonizante.
Leí en este periódico que el presidente de España, M. Rajoy, propone entre otros ajustes estructurales, congelar los salarios. Me pregunto si Albino Vargas o Rolando Blair estarían dispuestos a liderar un movimiento de este tipo en pro de la Patria.
Otro suceso que causó desazón y hasta risa fue la intervención de un diputado que disertó y dictó cátedra sobre el significado de “chu-chin-guis-mo”. ¡Qué vergüenza! Pero cuidado con tirar piedras en techo de vidrio, no vaya a ser que caiga sobre más de uno en el recinto, diputados que llenaron todas las bases con miles de mociones —a veces absurdas— para obstruir el plan fiscal: la gradería de sol en pleno como diría don Alberto Cañas.

En otro tema, los cacareados tribunales de ética que tienen los partidos políticos ¿para qué sirven si tenemos tribunales de justicia? Hemos visto muchos funcionarios públicos cuestionados por algún tipo de corrupción pasar por ese “tamiz” y en el peor de los casos renuncian al cargo que ostentan sin reparar los daños ocasionados para, poco tiempo después, ser premiados con otros puestos, ya que además están protegidos por el Servicio Civil que dice NO a los despidos.
En la empresa privada al empleado que se le comprueba haber cometido una falta grave se le despide sin responsabilidad patronal y punto.
Hay muchas cosas que se deben cambiar en nuestro sistema democrático. Urge mayor participación de la población civil, porque hay una elite que cree que esta finca es solo de ellos.
Sin embargo, se vale soñar. Hace tiempo tengo un sueño que me gustaría compartir con los menos privilegiados de este país. Se trata de un proyecto turístico para clase media y baja, financiado por todas las entidades públicas que se puedan involucrar, Banco Popular, asociaciones solidaristas, ICT, colegios profesionales, etc.… donde las tarifas no sean para lucrar sino para una buena administración y mantenimiento, donde se coma el gallo pinto y la olla de carne y que las familias de escasos recursos puedan disfrutar dignamente de un fin de semana al año.

Arnoldo Obando Fonseca