ESQUINA EPICUREA: Mentira
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Mentira

Hemos venido viviendo de puras mentiras o verdades a medias en esta sociedad y el estilo de vida que se deja llevar por las apariencias, compramos servicios y productos a veces adquiriendo la imitación y pretendiendo que sea el original o lo más parecido a este, con un perjuicio claro a la salud y al medio ambiente.
Solo veamos los productos alimenticios y los empaques en los cuales la manipulación de la verdad llega a límites insospechados, convirtiéndose en un arte globalmente aceptado por todos hasta ahora. Algunos ejemplos: el producto dice que es libre de colesterol y de grasa trans pero no dice que está hecho con aceite parcialmente hidrogenado, que ya sabemos es perjudicial para la salud, el producto dice que es preparado con sabor a fresa pero sabemos que está hecho con productos químicos que imitan el sabor a fresa, pues obvio los naturales son más caros y no hay otra salida.
Tomamos productos químicos edulcorantes para sentir el sabor del azúcar sin serlo, en lugar de racionalizar el consumo del azúcar verdadera, compramos productos que dicen “no puedo creer que no sea mantequilla” en lugar de degustarla con moderación.
Ya las cosas no son lo que parecen, pero están hechas para hacernos creer que lo son, es una complicidad sin verdadero sentido cuyo fin es mayor insatisfacción y un cuerpo lleno de químicos que a saber qué enfermedad nos causará, no sería extraño que este sea el origen de muchas formas de cáncer. Queremos tomates rojos y gorditos aunque tengamos que comprar un producto para quitarle la capa de insecticidas y pesticidas que se requirieron para lograr ese tamaño y apetecible color.
El deseo de tener aunque no podamos tener, nos ha llevado a este preciso lugar en el que está la sociedad.

La insatisfacción por el no tener está volviendo locos a más de uno y distorsiona el verdadero sentido de la vida.
En los restaurantes lo auténtico da paso a las creaciones sin sentido, a más comida chatarra llena de grasa y falsos nutrientes vestidos de juguetes para los niños pues por sí solos no los comprarían tanto.
En fin, creaciones que nos hacen vivir un momento de ilusión, inventado para crear una necesidad, de mentira.
Por eso esta crisis puede ser una bendición para detenernos y regresar a lo básico, apreciar los productos naturales y vivir sin aditivos, apreciar los productos elaborados por artesanos o aquellos libres de agentes contaminantes.
Es hora de volver a la cordura, a recuperar los verdaderos sabores y a combinar nuestras prácticas alimenticias con un estilo de vida sano.
Es importante concentrarnos en el ser más que en el tener y controlar nuestros apetitos y costumbres degradantes, es momento de detenerse y evaluar hacia donde vamos.
¡Buen provecho y hasta la próxima semana!

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