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Espinoso dilema ético

• George Clooney entrega una actuación sobresaliente, en un riguroso y cautivante drama legal

Michael Clayton
(Michael Clayton)
Dirección: Tony Gilroy. Reparto: George Clooney, Tom Wilkinson, Tilda Swinton, Sydney Pollack. Duración: 1.59. Origen: EE.UU. 2007. Calificación: 8.

El eterno conflicto entre egoísmo y altruismo, intereses privados y deseo de justicia, vuelve a estar sobre el tapete en “Michael Clayton”, un riguroso y cautivante drama legal. Recuerda la obra del novelista estadounidense John Grisham, con sus figuras de abogados corruptos o incorruptibles, luchando por la verdad en las aulas de un tribunal. De hecho, la trama se remonta a la amplia tradición del llamado “thriller judicial”, aunque no surgió de la fantasía de Grisham, sino del escritor Tony Gilroy (guionista de la trilogía de Jason Bourne), quien realiza aquí un prometedor debut como director.
Todo gira en torno a un personaje sumamente atractivo, encarnado por George Clooney, el cual entrega una actuación sobresaliente. He aquí un divo en grado de combinar carisma y talento, glamour y compromiso, afanes comerciales y ambiciones artísticas.
Ganador del Oscar como mejor actor secundario por “Syriana” (2005), Clooney podría aspirar a más premios, gracias a este vibrante retrato de un hombre de poca integridad, quien enfrenta un espinoso dilema ético.
Michael Clayton trabaja para una de las principales firmas notariales de Nueva York. Su especialidad no es litigar en la corte, sino tomar rutas extraoficiales, resolviendo problemas delicados. Su colega y buen amigo, Arthur Edens, aparentemente enloquece. Se desnuda ante el juez durante un testimonio y se pasa de bando, en un juicio multimillonario en contra de una fábrica de agroquímicos. Edens descubrió que la industria que él defendía es responsable de varias muertes por envenenamiento. Cuando Edens fallece de manera sospechosa, Clayton debe tomar una decisión que podría cambiar su vida.
El comienzo es fulminante: escenas cortas, rápidas y enigmáticas, colocan al espectador en el centro de una situación compleja, donde convergen muchos factores. Luego, la narración se detiene y retrocede en el tiempo, para arrancar de nuevo cuatro días antes. De ahí en adelante, se observan con claridad los personajes, moviéndose como piezas de ajedrez sobre un tablero.
Cuando el relato vuelve al punto de partida y se abre la sección conclusiva, se percibe una ligera baja de tensión, preludio a un desenlace bastante convencional. A pesar de ello, “Michael Clayton” es uno de aquellos filmes envolventes, bien estructurados y mejor ejecutados, que capturan la atención en los primeros minutos y no la sueltan hasta el último fotograma.
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