Vladimir de la Cruz

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Miércoles 2 Julio, 2014

En el cuarteto de la muerte pudimos decir: ¡Ese muerto que matáis goza de buena salud!


Pizarrón

¡Ese muerto que matáis goza de buena salud!

En fútbol tengo dos pasiones, Heredia y la Sele. Siempre he sido herediano y moriré herediano. Son esas adhesiones de por vida.
Asistí a estadios siguiendo al Herediano, y por supuesto, siempre a la Selección la apoyaba.


Así, siempre he tenido confianza en la Selección independientemente de cómo nos vaya. En ella está representado Costa Rica, el pueblo costarricense en toda su magnitud, sin distingos sociales, económicos, filosóficos o políticos, que en su mayoría, en sus angustias económicas, hace cualquier sacrificio para identificarse con los símbolos comerciales y deportivos de la Sele, y hasta para acompañarlos, con deuda incluida, porque para muchos ese fardo pesará por muchos meses.
Confieso que le he tenido confianza a la Selección Nacional en toda su trayectoria desde que el Mundial empezó, contrario a los pesimistas de mal agüero que le volaron encima.
Los equipos que hemos derrotado no son los campeones de antaño, tan solo son sus nombres, ni siquiera son los jugadores que ganaron los campeonatos anteriores, así como nuestra Sele no es la misma de otros campeonatos.
Esta Sele está mejor preparada, una buena parte de sus jugadores se desempeñan en equipos europeos, están acostumbrados a entrenamientos de alto rendimiento, se codean de tú a tú con las grandes estrellas del fútbol que los acompañan en esos otros equipos, algunos juegan con ellos, les conocen virtudes y defectos, están acostumbrados a grandes estadios y aglomeraciones, no tienen miedo escénico, tienen enorme confianza en sí mismos, en el trabajo colectivo que realizan, y lo han evidenciado; tienen coraje, disciplina, capacidad física, garra, ánimo de combate, pensamiento de ganadores y triunfadores donde el sueño no tiene techo, y no tienen barreras mentales: no se ve, hasta ahora, el jugador vivazo individualista, tratando de robar escena y bola.
En la Sele destacan destrezas, fortalezas, entrenamientos, capacidades físicas, emocionales y sicológicas, donde florecen y se expresan valores y sentimientos nacionales, lo mejor de los costarricenses.
En la Sele hay motivación, pasión, compromiso, deseo de superación, determinación por lograr los objetivos propuestos y superar los desafíos que ofrece el campeonato mismo.
Tienen un apoyo y conducción técnica que les producen confianza y unen; un entrenador que les marca derroteros posibles y les da inteligencia emocional deportiva.
Y, sin lugar a dudas, la Sele tiene a todo el pueblo costarricense alrededor suyo, arropándola con el manto sagrado tricolor, y preparándose para recibirla de su triunfal regreso a mediados de julio.
No ha sido fácil luchar en este campeonato contra las posiciones —en mi opinión colonialistas evidentes de la FIFA, organización que supuestamente le gana a cualquier país en corrupción, la obligación del examen de dopaje a casi toda la Sele, los árbitros que parecen ser el jugador número 12 de nuestros contendores y la ventaja arbitral del oponente, como en las condiciones difíciles que nos hicieron enfrentar en Denver.
El examen de dopaje deberían, en mi opinión, hacérselo a la junta directiva de la FIFA y algunos árbitros que le han tocado a la Sele. Estoy seguro que algunos de sus integrantes se pegan el premio mayor de este examen.
En el cuarteto de la muerte pudimos decir: ¡Ese muerto que matáis goza de buena salud!

Vladimir de la Cruz