Enviar

Será tal vez cuestión de recordar a los costarricenses que hay mucha gente que basa su felicidad en un amplio disfrute de las pequeñas cosas. Nada más ni nada menos que lo que hacían los ticos de hace algunas décadas


Es posible evadir nueva crisis

Necesitamos modificar nuestros hábitos de consumo y el estilo de vida al que hemos venido aspirando, si no queremos que el país y la mayoría de sus habitantes entren en una nueva crisis más grave que la anterior.
De esto nos habla un análisis publicado por este medio ayer.
Sin duda hay que hacerlo. Es necesario. Pero costará mucho y lo único bueno de esto es que quizás ayude la capacidad del costarricense de adaptarse, acostumbrado como está en su mayoría a emular rasgos culturales y hábitos de vida del exterior, sin pensarlo mucho.
Una población que ha sido inducida durante años a aumentar el consumo y aspirar a un estilo de vida basado en endeudarse, cambiará, sin duda, empujada por la situación de la noche a la mañana, pero puede quedar bastante perpleja ante el nuevo discurso que ahora le dice que se puede ser feliz de otro modo, abandonando ese mundo de fantasía que antes le fue vendido.
Será tal vez cuestión de recordar a los costarricenses que hay muchos países en el mundo que viven bastante bien siendo más productivos que nosotros, sin tanto gasto superfluo y que basan su felicidad en un amplio disfrute de las pequeñas cosas. Nada más ni nada menos que lo que hacían los costarricenses de algunas décadas atrás.
Deberemos sí o sí ser más productivos porque no tendremos otras alternativas. Lo malo es que nos han venido acostumbrando desde hace años a la ley del menor esfuerzo, al dinero rápido y fácilmente obtenido, al cortoplacismo, a vivir al día sin pensar en el futuro lo cual elimina la necesidad del ahorro.
Lo mejor que sigue teniendo Costa Rica es su gente y sus recursos naturales. Todo consiste en que a los primeros no se les desvíe de lo esencial y lo segundo no se destruya para algún beneficio coyuntural.
Por otro lado, los gobernantes y el Estado costarricense en general, deberán protagonizar el mismo cambio. De lo contrario, no tendrán autoridad moral para dirigir, administrar y pedir nada a la población. El Estado deberá ser pequeño, fuerte y muy eficiente. Deberá satisfacer realmente las principales necesidades de la población y redistribuir bien la riqueza.
Los bancos, como lo indica nuestro análisis, deberán ser prudentes en otorgar créditos de consumo. Y si viene un endeudamiento irresponsable, el Gobierno deberá imponer restricciones razonables a los bancos sobre las cantidades que puedan prestar.
Es posible. Podemos aspirar a un presente y un futuro sin tantas presiones y angustias. Es cuestión de voluntad política.
 

Ver comentarios