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Erotismo automovilístico

• El divo Vin Diesel regresa en el cuarto capítulo de una risible saga de acción sobre ruedas

Rápidos y furiosos
(Fast & Furious)
Dirección: Justin Lin. Reparto: Vin Diesel, Paul Walker, Jordana Brewster, Michelle Rodríguez. Duración: 1.47. Origen: EE.UU. 2009. Calificación: 4.

Los amantes incondicionales de los carros deportivos, sobre todo aquellos lujosos, relucientes y con motores modificados, encontrarán con qué regocijarse en “Rápidos y furiosos”. Es el cuarto capítulo de una risible saga de acción sobre ruedas, que arrancó en 2001. Aquí, los vehículos son representados desde una perspectiva fetichista, casi como si fueran objetos de deseo sexual. Esta especie de erotismo automovilístico, alimenta las fantasías de un restringido círculo de aficionados y genera la más completa indiferencia en todos los demás.
Después de sufrir varios fracasos seguidos, el musculoso divo Vin Diesel regresa a la franquicia que él mismo había abandonado con desdén. Su presencia no enriquece una sosa trama policiaca, que se apoya en cánones narrativos reciclados mil veces.
Los realizadores cometen un error de principiantes, al colocar la secuencia más espectacular al puro principio del relato. En una autopista desierta, algunos ladrones toman por asalto un camión cisterna que transporta gasolina. Aunque culmina de manera absurda, es una secuencia de fuerte impacto, ejecutada con indiscutible destreza técnica.
Lo que sigue es una historia trillada de venganza y lucha al narcotráfico, donde se reencuentran el ex convicto Dom Toretto (Diesel) y el agente del FBI Brian O'Conner (Paul Walker). Ambos colaboran en un plan para desmantelar una organización criminal, que trasiega heroína de México a Estados Unidos. El jefe del cartel, es el responsable de la muerte de Letty, la novia de Toretto.
El aspecto más negativo de la serie —la celebración irresponsable de la alta velocidad y de los piques callejeros— pasa afortunadamente en segundo plano. Lo que hay en su lugar, no brilla bajo ningún punto de vista: acrobacias peligrosas, bruscas aceleraciones y choques aparatosos, alternan con aburridos segmentos dramáticos, plagados de diálogos pedestres y malas actuaciones.
Tan exagerada que se torna irreal, “Rápidos y furiosos” es una muestra de cine concebido como diversión mecánica, repetitiva y enajenante, que a estas alturas no debería tener cabida más allá de los juegos electrónicos interactivos.


Estimados lectores:

Después de 17 años, mi colaboración con el periódico La República llega lamentablemente a su fin. Me despido agradeciendo el interés que ustedes siempre han demostrado en mi trabajo como crítico de cine.
Con mucho cariño,
Mario Giacomelli


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