Silvia Castro Montero

Silvia Castro Montero

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Lunes 30 Septiembre, 2013

Por cubrir y evaluar “la materia” en lugar de enseñar a pensar, el sistema educativo costarricense no ha permitido que los alumnos desarrollen sus capacidades


Enseñar a pensar y el bachillerato

Se puede afirmar que todos pensamos, en el entendido de que somos capaces de concebir y relacionar ideas. Pero no todos tenemos buenos hábitos de pensamiento, como la capacidad de generar preguntas y problemas con claridad y precisión; de recopilar y evaluar información relevante; o de llegar a conclusiones y respuestas bien razonadas.
Además, con frecuencia carecemos de las actitudes características de un pensador sofisticado, como la perseverancia, la humildad, la autonomía y la integridad intelectual. Nunca aprendimos a pensar bien porque nadie nos preparó para ello.
Por cubrir y evaluar “la materia” en lugar de enseñar a pensar, el sistema educativo costarricense no ha permitido que los alumnos desarrollen sus capacidades para asumir, con responsabilidad, su papel protagónico en el proceso de aprendizaje.
Presume que los alumnos educados son, por definición, los informados, no necesariamente los pensantes, por lo que muchos profesores no motivan a los alumnos a interrelacionar ideas entre las distintas disciplinas del conocimiento, adoptar posturas sobre dilemas complejos, ni defender sus puntos de vista con argumentos y evidencias.
Los muchachos no desarrollan competencias ni disposiciones para considerar diversos puntos de vista, examinar sus supuestos, evaluar la veracidad de los hechos, explorar las implicaciones y consecuencias de distintas alternativas, o bien llegar a analizar contradicciones e inconsistencias en su propio pensamiento y experiencias de vida.
En efecto, el sistema educativo actual no los enseña a pensar, por lo que los muchachos se gradúan de la educación general básica sin saber resolver problemas, transferir ideas a nuevos contextos y tomar decisiones.
El proceso de enseñar a pensar no es antagónico a enseñar la materia, puesto que no se pueden desarrollar capacidades mentales pensando sobre la nada.
Los contenidos curriculares proveen la oportunidad para ser descubiertos, analizados y sintetizados. Pero también la mente crea, organiza y transforma los contenidos, por lo que los alumnos deben aprender la materia por medio del ejercicio del pensamiento crítico, no con la realización de tareas memorísticas rutinarias.
Es así como el alumno puede aprender información valiosa, pero además debe comprender su propósito, los cuestionamientos que plantea, los conceptos que la estructuran, las suposiciones que la subyacen, las conclusiones que se extraen, las implicaciones que se derivan de esta, y los puntos de vista que se dilucidan.
Si se pretende que los alumnos aprendan a pensar y disfruten de su proceso de enseñanza, deben ejercitar sus capacidades de razonamiento al leer, escribir, hablar y escuchar. Si se pretende que los profesores enseñen a razonar, deben saber razonar ellos mismos y el sistema educativo debe evaluar esa capacidad en los alumnos… y sus docentes.
Es otra razón por la que sugería, en mi columna anterior, que las pruebas de bachillerato fueran sustituidas por una sola prueba de razonamiento.

Silvia Castro

Rectora de ULACIT