Alejandra Esquivel

Alejandra Esquivel

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Jueves 29 Septiembre, 2016

Las atribuciones que unos pocos se autoasignan y/o el tratamiento privativo que el sistema concede a unos pocos, provocan desequilibrios y descontentos sociales

Enmarcando sin sentidos

Hay eventos que definitivamente no tienen sentido. Mientras en Colombia, afortunadamente se materializa el punto de ruptura que “termina el último y el más viejo conflicto armado del Hemisferio Occidental” luego de 52 años de miedos, “violencia, atraso, pobreza, desigualdad”… en Venezuela a pesar de los avances tecnológicos en el sector salud a nivel mundial, se incuban recién nacidos en cajas de cartón producto de la intransigencia de un “líder” y un movimiento político que cree que la imposibilidad para cubrir necesidades básicas varias de su pueblo, no es una forma de guerra diferenciada entre clases económicas, sociales y desde luego políticas.

Así las comparaciones a mi parecer consistentes entre ambos países de Suramérica, principalmente por debatir escenarios políticos y democráticos entre dos países vecinos; no quiero evitar referirme al sinsentido de la restitución del subgerente del BCR por parte del tribunal de una sociedad que se cree superior al pueblo colombiano y venezolano (al menos respecto a la población inmigrante en Costa Rica).
¿Qué tiene esto que ver con el proceso de paz en Colombia o los conflictos de Venezuela? Las atribuciones que unos pocos se autoasignan y/o el tratamiento privativo que el sistema concede a unos pocos, provocan desequilibrios y descontentos sociales que pueden llegar a comprometer la democracia de un país… Sé que nos creemos la Suiza Centroamericana, pero cuidado, caerse de ese pedestal es un escenario para el que Costa Rica no se ha preparado. 
La restitución de Quesada en la subgerencia del BCR, es solo un ejemplo “insignificante” —equivalente a ¢10 millones brutos mensuales, que muestra la decadencia moderna de nuestro país a través de nuestros vacíos legales en los que se priorizan los intereses de “un solo hombre” a costa de toda una población que paga no solo los salarios del sector público, sino los costos paralelos de fallos como este, que afectan no solo “el estado de resultados” del banco, sino la imagen y credibilidad de las instituciones públicas y estatales e incluso y como actor trascendental: de la imagen y credibilidad del Poder Judicial costarricense.
En la otra cara de la moneda, hay muchas personas sin traje ni corbata que están sufriendo las consecuencias de una pensión alimentaria desproporcional a sus posibilidades económicas; miles que han perdido hasta sus propiedades de unos pocos millones de colones porque se quedaron desempleados a pesar de no haber cometido “faltas graves” en sus actividades lucrativas, sino por escenarios completamente ajenos a su control… ¿Cómo evitar preguntarse si de verdad no nos quieren ver la cara de tontos?... es imposible que este tratamiento especial que le otorgaron a este señor, no salte a la vista “de cualquiera” como un “sinsentido”, al menos lo es para mí.
Cierro el mes en el que rendimos tributo a nuestra independencia, a nuestra Patria, aferrándome a nuestra historia y cuestionando la consistencia de esas bases, con nuestra capacidad para sostener ese “eterno prestigio, estima y honor”.