Roberto Dobles

Roberto Dobles

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Lunes 28 Octubre, 2013

El creciente costo de la energía, que afecta todas sus necesidades, se ha convertido en un flagelo


¿Energía solidaria?

Costa Rica siempre ha tenido una política energética con una fuerte orientación social, basada en factores tales como la universalidad y precios asequibles.
Sin embargo, este enfoque social se está perdiendo debido al continuo incremento de los precios de la electricidad y de los combustibles derivados de petróleo que golpea fuertemente a toda la sociedad, y muy particularmente a las personas que menos tienen.
La energía es fundamental para todos los hogares, el transporte, la producción y cualquier actividad humana. Sus usos son tan numerosos como las actividades humanas, y las condiciones de acceso a ella (incluyendo el precio) son determinantes para la calidad de vida y el desarrollo.
Por esta razón, los altos costos de la energía afectan negativamente todo el quehacer humano y todos los bienes y servicios que necesitamos, incluyendo aquellos relacionados con las necesidades básicas de la población.
Para muchas personas y sus familias, particularmente para aquellas que tienen menos recursos, el creciente costo de la energía, que afecta todas sus necesidades, se ha convertido en un flagelo. Por ejemplo, el costo del transporte público, la alimentación y la vivienda.
No podemos imaginar la vida cotidiana moderna sin energía, la cual se requiere para producir todo lo que forma parte de nuestro bienestar y necesidades básicas, por lo que los aumentos en su costo tienen un impacto muy significativo en el costo de la canasta básica, el costo de vida, la generación de empleo y el desarrollo económico.
Además de todo lo anterior, existen dos elementos adicionales que afectan el bienestar social. Primero, las fuentes nacionales de energía actuales aportan pocos ingresos fiscales en su etapa de producción. Segundo, con nuestros escasos recursos contradictoriamente pagamos por nuestra principal fuente de energía (el petróleo importado) una importante contribución fiscal a los países exportadores en la forma de regalías e impuestos por la producción que ellos realizan, la cual se encuentra incluida en los precios internacionales.
Una parte importante de estos ingresos fiscales que pagamos se usa en esos países para apoyar sus propios programas sociales, en detrimento de los nuestros.
Si buscáramos y eventualmente produjéramos gas natural y petróleo en el territorio nacional, los costos de la energía serían mucho más bajos, los recursos fiscales generados ingresarían al Estado costarricense y la solidaridad aumentaría, ya que los programas sociales nacionales se beneficiarían.
La solidaridad que ha distinguido al modelo energético nacional se está deteriorando por acción (uso de fuentes caras de energía y con poco aporte fiscal en su producción) y negación (no buscar gas natural y petróleo barato en el país y fomentar en su lugar la importación estas fuentes de energía, como lo hacemos actualmente).
Si no hacemos los urgentes cambios que se requieren en la política energética para reducir los costos introduciendo fuentes de energía más baratas, no solamente afectaremos más la solidaridad que históricamente hemos tenido, sino que también disminuiremos la competitividad y el crecimiento económico, lo que aumentaría las ya altas tasas de desempleo que tenemos, afectando aún más el bienestar social.

Roberto Dobles